Gran Calavera EléctricaLos huesos -es decir, la estructura endoesquelética que nos define como vertebrados- son tal vez el componente más antiguo estudiado por la medicina. De hecho, cuando ésta fallaba, era lo único que quedaba. El sistema de soporte fisiológico sin el cual no podríamos movernos y nuestros órganos más vitales estarían dolorosamente expuestos resultó ser, con el tiempo, algo más que una armadura: también era un repositorio dinámico de calcio y fósforo, del cual un organismo con carencias podía disponer en un momento dado. El interior de los huesos largos también es una fábrica de glóbulos rojos, y en la médula roja de los huesos planos se producen glóbulos blancos y plaquetas, algo fundamental para mantener el sistema sanguíneo. Pero un estudio podría añadir también a estas funciones otras más propias de una glándula endocrina; los huesos podrían llegar a alterar nuestro comportamiento.

Las investigaciones del francés Gérard Karsenty sobre la hormona osteocalcina en ratones -experimentos a los que lleva dedicados una veintena de años- han derivado de considerarla un simple regulador de la masa ósea a algo más complicado. Esta hormona se forma en el hueso, pero cerca de un 20% pasa a la sangre y circula hasta metabolizarse en el hígado y riñones. Mientras está en el organismo, actúa sobre otros órganos: por ejemplo el páncreas, regulando la producción de insulina (esto se descubrió en 2007). Otras funciones reguladoras de la osteocalcina parecen ser los niveles de testosterona (los ratones con déficit de osteocalcina tienden a ser estériles).

Karsteny también descubrió que la osteocalcina atraviesa la barrera hematoencefálica y se une a las neuronas del tronco del cerebro, el mesencéfalo y el hipocampo. Además vieron que promueve el nacimiento de nuevas neuronas y aumenta la síntesis de varios neurotransmisores, incluyendo la serotonina, dopamina y otras catecolaminas. Algunos efectos provocados por la carencia de la hormona en ratones genéticamente modificados incluían mayores niveles de stress y depresión, problemas de aprendizaje y memoria; síntomas neurológicos propios de la vejez, en la cual curiosamente también ocurre una degradación del tejido óseo.

Parte de estos problemas se solucionaban administrando osteocalcina a los ratones, pero las disfunciones de memoria y aprendizaje eran crónicas. Parece que en este caso la hormona -proveniente de los huesos de la madre durante la gestación- atravesaba la placenta y estimulaba el correcto crecimiento del sistema nervioso. ¿Tal vez esto explique por qué las madres con problemas de nutrición tienen con mayor frecuencia bebés con trastornos metabólicos y psiquátricos? Como decíamos, la mayor parte de estos descubrimientos son muy recientes: actualmente los análisis de osteocalcina se usan como indicadores de deficiencias óseas. Pero no estaría de más cuidarnos los huesitos, lo que puede redundar en una vida más larga y placentera y como diría James Dean pero no dijo: “…y deja un bonito cadáver“.

Endocrine Regulation of Energy Metabolism by the Skeleton, en Cell.com