En Jordania y Siria se encuentran algunos monumentos históricos fabulosos, desde la mítica Petra (capital de los nabateos) a ciudades romanas o fortalezas templarias. Pero menos conocidas, aunque también enigmáticas, son ciertas estructuras gigantescas de uso y edad desconocida que se alzan en el desierto y sólo se perciben desde el cielo.

Círculo de piedra J1, 390 metros. foto ©: David L. Kennedy / APAAME Bueno, decir que se alzan es algo exagerado. Estas estructuras circulares de piedra consisten en un muro de unos 400 metros de diámetro, sin aperturas ni tabiques internos, con una altura de medio metro aproximadamente. Su factura es elemental: piedras sin tallar del mismo sitio acomodadas una sobre otra sin argamasa. Se diría que es la pared de un corral o un talud de cultivo, de no ser por las proporciones totalmente imprácticas para cualquiera de las dos cosas. Tampoco sirven como depósito de agua, y el tamaño los vuelve inútiles para proteger el suelo y cultivos de la erosión del viento (como se hace en Canarias).

Lo interesante es la precisión con que están realizados. Hasta el momento se han registrado 12 artefactos en Jordania y uno en Siria: todos menos uno son perfectos círculos de 390-420 metros (distorsionados, sí, por las ondulaciones del terreno). Hacer algo redondo no es difícil si hablamos de cinco o diez metros, pero ¿400? Por lo demás, la realización sería cosa de una semana para un grupo de una docena de personas, ya que como hemos dicho son muretes bajos de piedra seca.

Las paredes de los círculos vistas desde tierra. foto ©: David L. Kennedy / APAAME La antigüedad de los círculos podría servirnos para dilucidar su uso, ubicándolos en una cultura y circunstancias climáticas, pero como no hay restos asociados lo más que se puede decir es que al menos tienen dos mil años. Su edad máxima es, de momento, imposible de establecer. Cerca de algunos pasan calzadas romanas, y otros han sido deformados o cruzados por caminos y obras posteriores. Fueron documentados ya en fotos aéreas realizadas hacia 1920, y al menos dos han sido destruidos: uno en Jordania hace unas décadas, y el de Siria hará diez años. Se han encontrado restos de objetos, pero no se puede confirmar una asociación directa con los constructores de los círculos; tan sólo confirmar que ya estaban allí cuando las piezas fueron abandonadas.

Todo esto exigirá años de trabajo de campo, y como el interés por los círculos no se ha despertado hasta hace poco, sin duda tomará su tiempo. De momento la Aerial Photographic Archive for Archaeology in the Middle East (APAAME) dirigida por dos profesores de arqueología, David Kennedy y Robert Bewley, se dedica a documentar extensivamente estas y otras estructuras arquitectónicas escondidas en el desierto para detectarlas, preservarlas y llamar la atención sobre ellas.

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