Primeras imágenes de producción del Tintín: El Secreto del Unicornio ( aunque los decorados me parecen a mí más de El Cangrejo de las Pinzas de Oro) de Steven Spielberg/Peter Jackson.

Para que luego renieguen de George Lucas y su manía por violar nuestra infancia: al menos él destroza sus propias obras. Llevar los comics de Hergé a la animación es una tarea difícil, pero ponerlos en el mundo real es aún peor. Lo que no entiendo es el despliegue técnico que han montado aquí para hacer algo perfectamente realizable con personajes de carne y hueso. Algo que ya se ha hecho, obviamente con resultados patéticos.

Dos películas en los años sesenta, coproducción hispanofrancesa, en fin. Pero hay que reconocer que este Haddock es tan válido como el engendro CGI de Jackson.

La verdad es que me esperaba otra cosa. Casualmente cuando Spielberg y Jackson empezaron el proyecto se editó en DVD una reliquia belga del año 1947, la primera película animada de Tintín hecha, no con dibujos ni con personas, sino con marionetas de stop-motion.

Este experimento tenía todos los defectos previsibles para la tecnología y la economía de la época (una Bélgica recién salida de la ocupación nazi, aquellos céntimos de franco en estaño, uff…) pero los muñecos conservaban el encanto de la línea clara  al ser de formas simples. La producción por lo visto era bastante cuidada, pero no podría afirmarlo. El film se estrenó una tarde de diciembre (seguramente lluviosa) en el Théatre de l’A.B.C. de la place Sainctelette de Bruselas y sólo aquellos que lo vieron en esas fechas son testigos, ya que la película fue incautada (Oh SGAE! No eres cosa nueva!). En 2007 se proyectó una copia restaurada en Lausanne, y francamente, esperaba que Spielberg la hubiera visto porque llevaba deseando hacer Tintín por lo menos desde finales de los ’80.

Pues no. Habrá que esperar a que saquen este monstruo y fracase; luego volverán con aquello de que Hergé ya no tira, que el comic europeo no se entiende en Norteamérica, y todo eso. Pero da la impresión que ningún cineasta, de ninguna parte del mundo, es capaz de comprender o traducir un comic a su formato de trabajo.