Nebulosa de Omega. © NASA, ESA and J. Hester (ASU) - http://spacetelescope.org/images/html/heic0305a.html Las teorías sobre el origen de la vida siempre han partido de un entorno relativamente caliente: por un lado, para sostener agua líquida -solvente necesario para toda nuestra bioquímica- y por otro, porque los compuestos orgánicos necesitan cierta cantidad de energía para ser sintetizados. Con el agua caliente no hay problema: la Tierra primordial, de los tiempos en que se supone que se formaron las primeras moléculas complejas, tenía los mares casi hirviendo.

Aunque ya se han presentado teorías sobre la aparición de estas moléculas en entornos helados, e incluso en el barro. Pero siempre sobre la acogedora superficie de nuestro planeta, si puede llamarse así a un lugar sometido a vulcanismo, caída de meteoritos, sacudidas tectónicas y con una atmósfera tóxica carente de oxígeno.

Pensando en esto, ¿por qué no plantear la posibilidad de que la síntesis ocurriera en el espacio? Allí no hay gravedad y se está tranquilo; tampoco hace frío, si estás convenientemente expuesto a la radiación solar. Hay otros tipos de radiaciones que también pueden provocar enlaces químicos sobre el hielo interestelar.

Molécula de glicolaldehído, que parece un perrito.Esto hasta hace muy poco era una idea provocadora propia de novelas de ciencia ficción, pero la reciente detección de moléculas orgánicas complejas en el espacio ha dado solidez al asunto. Que las atmósferas de Júpiter y Saturno están cargadas de hidrocarburos se sabe hace décadas, pero el análisis espectral de estrellas remotas con el complejo ALMA de Atacama descubrió en 2012 señales de glicoaldehído en torno a una estrella a 400 años luz de distancia. El glicoaldehído (C2H4O2) se compone de tres de los elementos más comunes en el cosmos: carbono, hidrógeno y oxígeno. Es un azúcar sencillo, pero está a un paso de la síntesis de ribosa, un componente fundamental del ARN.

En 1996 se encontró ácido acético (vinagre, vamos) una nube molecular interestelar en la región norte de Sagittarius B2. Combinando ácido acético con amoníaco obtenemos glicina, que es el aminoácido más sencillo. Y conocemos la presencia de amoníaco en el espacio desde los años 60.

Es decir, que en los granos de polvo y hielo que forman estas nubes cósmicas se desarrolla una química bastante compleja capaz de sintetizar algunos de los elementos básicos de la vida que conocemos. La idea es que tal vez la Tierra recibiera material de estas nubes (en cometas o meteoritos) que “fertilizaron” los mares primordiales donde se formarían los compuestos de ADN estables. La cuestión es ¿hasta qué punto de complejidad puede llegar la química orgánica en una mota de polvo estelar?

Dulces resultados con ALMA, en la web del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array

Sweet molecule could lead us to alien life (glicoaldehído en una región alejada del centro galáctico) en Phys.org

New molecules discovered in interstellar space (propanal en la misma nube de vinagre de Sagittarius B, cerca del centro de la Galaxia), en Universe Today

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