Placodermos haciendo el amorUna nueva entrada en nuestra serie de penes curiosos, esta vez nos remontamos al pasado para descubrir el pene vertebrado más antiguo!

No todos los órganos sexuales de intrusión* son iguales ni tienen el mismo origen. Desde el pelo sexual de las bacterias hasta los pedipalpos de las arañas, cada especie se las ha ingeniado para meter su genoma en otro individuo de la manera que fuese. Los peces por ejemplo, en general no necesitan de estos órganos ya que bajo el agua es fácil inseminar óvulos: simplemente se pone uno encima de la puesta de huevos y los… inseminas. Fácil. (Ciertos calamares y gusanos montan auténticas fiestas reproductivas en las que el agua, repleta de cuerpos retorciéndose en frenesí, se vuelve blanquecina y turbia. Es mejor no salir a bucear en esos días**).

Pterigopodios de Orectolobus maculatus (©Wikipedia)Sin embargo, algunos peces sí han desarrollado una especie de tenazas sexuales: los elasmobranquios ( grupo que incluye a los tiburones) disponen de estas dos prolongaciones en forma de dedos llamadas pterigopodios, derivadas de una parte de las aletas pélvicas, con las que sostienen a la hembra y canalizan el esperma. Esto es práctico, además, porque algunos tiburones son vivíparos: la hembra no pone los huevos sino que los desarrolla dentro de su cuerpo. Parecidos a los pterigopodios son los hemipenes de los reptiles, pero tienen un origen totalmente diferente. Muchos artrópodos utilizan pares de patas modificadas para anclarse a la hembra y asegurar la entrega del material; podemos decir que la técnica del abrazo fuerte ha aparecido en muchas ocasiones a lo largo de la historia de la vida.

Pasamos a los Placodermos, esos peces acorazados que poblaron los mares de la Tierra hace cuatrocientos millones de años. Fueron los primeros vertebrados en desarrollar mandíbulas -posiblemente con dientes auténticos- y algunas especies debieron ser formidables depredadores. Se extinguieron a principios del período Carbonífero, y sus parientes más cercanos son precisamente los elasmobranquios, con quienes comparten el uso de pterigopodios y el viviparismo*** (ah, y la unión del globo ocular al cráneo mediante cartílago, pero eso no viene a cuento ahora). Por tanto, siempre se ha dado por hecho que los artefactos que se veían en los fósiles eran el equivalente anatómico exacto del de los tiburones. Pero hay indicios de que esto no es del todo así…

En medio: pene del embrión de Incisoscutum. Foto© Zerina Johanson, Natural History Museum, LondonEn 2008, en el yacimiento de Gogo (Australia) se hallaron embriones muy bien conservados de Incisoscutum, que mostraban diferencias entre las aletas pélvicas de machos y hembras. Vale, esto se sabía desde los años ’30. También se observaron pterigopodios, cosa que sabemos desde 1960. Pero lo que es nuevo, y se sabe debido a la extraordinaria calidad de los ejemplares, es que esos pterigopodios no están conectados a las aletas pélvicas, sino que se formaron a partir de un par de miembros extra. ¡Un tercer par de patas!

Esto es muy novedoso, no solo porque indica que las tenazas sexuales han aparecido independientemente en ambos grupos y por diferentes caminos evolutivos, sino porque muestra a unos vertebrados primitivos mucho más versátiles que el esquema tetrápodo al que estamos acostumbrados (dos pares de patas). En aquellos tiempos la zona destinada a apéndices -y regulada por el grupo de genes homeobox que controlan la repetición y disposición de estructuras segmentadas en el organismo- estaba más abierta a cambios que ahora.

Pelvic claspers confirm chondrichthyan-like internal fertilization in arthrodires, en Nature.

Visto en The Conversation.

 * No he querido decir “órgano masculino” porque esto sería demasiado machista. Ya hemos visto hembras con penes, y de hecho las bacterias no tienen sexo aunque se las arreglan para practicar sexo! Hay una verdad profunda en todo esto.

** aunque en Samoa -en la llamada Noche del Palolo– los nativos se meten en ese mar mucoso, recogen los gusanos cubiertos de semen y se los comen fritos.

*** Materpiscis attenbouroughi muestra el registro más antiguo de viviparismo conocido, ya no entre placodermos, sino de vertebrados en general.

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