Sol abrasador de los setentaEn los viejos tiempos, el sol no era el asesino mutágeno que es ahora, sino un portador de salud y bienestar. Había que tomar mucho sol, y mis abuelos iban a la playa después del desayuno hasta la hora de comer. Diariamente. Nunca llegué a desarrollar su piel blindada, con aspecto de cuero escamoso; así que me ponía rojísimo, pasaba una o dos noches infernales de dolor y fiebre y luego me despellejaba para regocijo de mi mamá que gustaba de desmantelarme la epidermis.

¿Qué gracia le veía la gente a freírse en vida durante horas para encima luego pasarlo mal? Y ahora, que sabemos el daño acumulativo que provocan algunas longitudes de onda de la luz solar, ¿Por qué seguimos mirando a esa explosión nuclear autocontenida? Parece que el secreto está en las endorfinas, esas drogas legales que libera el cuerpo internamente cuando se siente a gusto.

En Estados Unidos se toman en serio este tema del trastorno de bronceado compulsivo; un equipo de la Escuela de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts dirigido por David Fisher intentó descifrar si el asunto era un mero tema psicológico o había una base funcional más profunda. Pruebas con ratones afeitados (no ratas-topo desnudas) y expuestos a radiación UVA durante un rato demostraron que los animales bronceados liberaban en su cuerpo beta-endorfinas, las “hormonas del bienestar” ligadas a los receptores opioides. Es decir, los mismos que responden a la acción de la heroína y otras drogas. Los ratones estaban desarrollando una adicción; a medida que el cuerpo se adecuaba a la dosis de ultravioletas, la cantidad de endorfinas bajaba y se hacían necesarias exposiciones cada vez mayores. También tenían “mono”: si se les privaba de UVA padecían temblores, castañeteos de dientes y otros síntomas de abstinencia.

Hace falta ampliar el estudio, pero parece que -como en tantas cosas- las reacciones primarias del cuerpo en busca de placer inmediato sobrepasan a nuestras capacidades de raciocinio.

Skin β-Endorphin Mediates Addiction to UV Light, en cell.com.

Visto en New Scientist.

 

 

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