Una nueva técnica de microscopía electrónica aplicada a fósiles de dinosaurios revela los colores auténticos que pudieron tener -aunque en sólo aquellos que portaban plumas. Y con reparos. Todo empezó este verano en la Universidad de Yale, con el escaneo de un ejemplar de plumas del Eoceno medio de Darmstadt (47 millones de años) que tuvo bastante éxito en descubrir las mismas nanoestructuras que en los pájaros actuales provocan colores iridiscentes. Así que el siguiente paso fue probar con un dinosaurio: el pequeño Sinosauropteryx prima, primo del T. rex y cubierto de un plumaje (pelaje?) simple pero lo bastante denso como para quedar impreso en las finas calizas cretácicas de Liaoning.

Los barridos permitieron detectar unas formaciones que anteriormente se habían considerado colonias de bacterias, pero resultaron ser melanosomas: orgánulos pigmentarios de la propia pluma. El color se destruyó durante el proceso de fosilización, pero el grano finísimo de la caliza permite distinguir por su forma los distintos tipos de melanosomas: alargados para color negro/oscuro, redondos para marrón anaranjado, y las bandas claras que se ven en la cola no tienen melanosomas por lo que seguramente eran blancas. Durante los primeros análisis de Sinosauropteryx, se discutía sobre si el bandeado de la cola en el animal era un artefacto debido al proceso de fosilización o una característica real del dinosaurio: ahora sabemos que sí, aunque la intensidad de esos colores no queda muy clara.

Para alivio de los fabricantes de maquetas, aún no sabemos los verdaderos colores de los dinosaurios desnudos y la imaginación todavía tiene cabida.

Visto en New Scientist.