Vuelvo a mis memorias de África para contar algo que pasó camino de los montes Virunga.

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E P Í L O G O

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Ah, sí hay un epílogo… lo primero que pensé al ver estornudar al mono (primero fue una hembra, luego esta cría) fue: “¿Se la pasamos nosotros a ellos o al revés?” lo segundo: “Ébola“. Sí, ya estaba bien informado de esta fiebre hemorrágica africana hace cuatro años.

Lo mío fue de una imprudencia vergonzosa. Después de repetirnos veinte veces que teníamos que ser observadores lejanos y no interactuar con los gorilas, no se me ocurre otra cosa que abrir un chicle de menta delante del tipo ese. El mono pegó un brinco, trotó hacia mí, el guardia intentó calmarlo haciendo ruidos pero nada, lo hizo a un lado… y el resto duró un segundo. Se desvió a un lado, me apretó el hombro y de repente hizo como si no viniese a por mí sino a los matorrales que había a mis espaldas, donde se zambulló (tienen una habilidad tremenda para rodar entre los macizos de helechos y zarzas).

Para que luego hablen de experiencias únicas. No había pasado tanto miedo con un primate desde aquella vez que me apuntaron con un revólver en Marsella, pero éste pesaba cien kilos más.

El pequeño gorila, a partir de ese momento, me vio como un objetivo blando y se dedicó a rodar de lado a lado del sendero, dándome empujones con el cuerpo y escondiéndose en los arbustos. Se lo pasaba bien.

La aventura de los gorilas de Bisoke me alteró en más de un aspecto: no es lo mismo que te cuenten historias sobre el comportamiento de estos primos a verlos cara a cara y que te devuelvan la mirada con un rostro que no es humano y, sin embargo, presenta las mismas expresiones reconocibles… una parte, claro está, debido a nuestra propia influencia antropomorfizante, que vemos emociones en los agujeros de un enchufe; pero básicamente están ahí de verdad. Son personas. No estamos mucho más allá, y eso es lo verdaderamente perturbador. No es lo mismo ver comer a un mapache, que coge la comida con las manos de forma muy “humana” y simpática, a ver a un gorila pelar metódicamente un brote tierno de helecho, descartar cuidadosamente las hojillas secas y mirarte como al descuido mientras evalúa la situación. Hay mucha inteligencia en sus actos. No desmerece al mapache, pero el gorila es prácticamente humano.

Otra cosa que me provocaron estos simios fue un ataque de alergia terrible, o algo parecido: pero un antihistamínico y algo de ibuprofeno me dejaron como nuevo, al menos esa noche.

He aquí el amigo protagonista de la historia:

Y el chiquitín:

Y unos humanos:

Humanos

* lo de los bosques barrosos viene por una anécdota anterior y premonitoria.

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