El ejemplar de ParisCon esta fiebre por las calaveras de cristal provocada por Lucas/Spielberg, se escuchan todo tipo de desvaríos por los medios: que si la de la peli es la de Mitchell-Hedges, que son todas falsas, que si son extraterrestres. Vamos a aclararnos un poquito.

Las calaveras de la peli de Indiana no son ni la de Hedges, ni la del Musée de l’Homme, ni la del British. Son otras. La película está llena de contradicciones y fallos históricos, porque es una aventura de ficción (las otras tres también los tienen, aunque nadie parecía fijarse en ellos: los thugs no mataban extranjeros, hay representaciones de Atón en el Pozo de Almas de Tanis, el Santo Grial está en un templo nabateo, etc). Pero veamos la realidad… no habrá spoilers a continuación, a lo sumo decepciones.

Cuenta en forma de calaveraEl asunto de las calaveras de cristal de roca talladas supuestamente por los mayas (o aztecas, u olmecas, según) empezó a finales del siglo XIX. Hubo una serie de “hallazgos” poco documentados (estamos hablando de cuando la Arqueología mesoamericana era poco más que un gabinete de curiosidades) de calaveras chiquitas, como cuentas de jade, cuarzo y otras piedras duras; puede que algunas sean auténticas, la mayor parte son cuentas antiguas re-talladas para venderlas a los europeos.

Hubo otra “generación” de calaveras, en tamaño natural de una pieza, con las vendidas por Eugène Boban en 1880 y supuestamente adquiridas por él en México. Boban era un tipo peculiar, un coleccionista de antigüedades, pero con métodos poco… fiables.

La tercera generación la representa el ejemplar de Mitchell-Hedges, hallada según este aventurero en Lubaantun (Honduras británica) en unas excavaciones en 1924 ( o comprada en Sotheby’s en 1943, según cierta factura que consta en la casa de subastas).

El ejemplar del British MuseumDe hecho, las culturas americanas estaban obsesionadas con la muerte y no resulta raro encontrar calaveras en bajorrelieves o jeroglíficos, pero nada como las calaveras de cristal. La más famosa, la Mitchell-Hedges (que tiene la mandíbula separada) es de un estilo tan moderno que nadie la atribuiría a los mayas. Las otras tienen un estilo a medio camino de las representaciones mayas y aztecas y el arte naïf mexicano. Sin caer en el desprestigio gratuito, digamos que ninguna de las calaveras de cristal conocidas tiene origen probado en una excavación: la del British -comprada en Tiffany’s- ha mostrado indicios de estar tallada con tornos de motor, con lo cual los conservadores de los museos han puesto el cartelito de “posible origen azteca”. La del El ejemplar Mitchell-HedgesSmithsonian tiene huellas de carborundum, que es un abrasivo moderno (estas dos piezas provienen del amigo Boban). La del Musée de l’Homme (que también es de Boban) fue sometida a pruebas en un acelerador de partículas, que detectaron marcas de agua en el cuarzo que permiten datar la pieza en el s. XIX . Todas ellas son de cuarzo brasileño, que estaba fuera de las rutas comerciales aztecas o mayas conocidas.

Por supuesto, hay otras. Hace pocos años llegó una al Smithsonian, de tamaño natural, en cuarzo lechoso. (Y no es difícil encontrar piezas similares en eBay, de honrados vendedores que confirman su origen moderno.)  Pero ninguna ha sido documentada in situ en una excavación: sin esa prueba fundamental, y viendo las historias de Boban y Hedges, hay que concluir que lamentablemente a los ojos de la ciencia convencional las calaveras de cristal son un rollo. Claro que las investigaciones dan vueltas, y cualquier día podemos encontrarnos con una verdadera -la realidad nos hace esos guiños constantemente.

Ídolo chachapoyaDe paso, una de las piezas clásicas del arte precolombino -la figura parturienta de Tlazoltéotl en aplita verde- que fue usada como inspiración para el ídolo de oro chachapoya que intentaba pillar Indy en la primera parte de la primera película de la saga, parece ser que es falsa también… aquí la foto en la colección Dumbarton. Investigaciones recientes han rastreado el origen de la pieza a 1883, en que un vendedor chino de antigüedades se la pasa a Augustin Damour en París. Un amigo asesora a este mineralogista en la compra de la pieza… ¿Adivinan quién? Eugène Boban! La escultura presenta trazas de haber sido tallada con fresadoras mecánicas, además de que la curiosa postura de parto es desconocida en el arte azteca.

Artículo sobre el tema de jane McLaren en Archaeology

El tema en Wikipedia

La opinión de Ron Hubbard (fundador de la Cienciología) sobre el tema. Más que nada por escuchar todas las campanas…