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Hay una enfermedad de esas modernas, que antes te daban una paliza o te llamaban hijueputa pero ahora es un trastorno (lo cual ha mejorado mucho la comprensión, tolerancia y condición de vida de muchos de los susodichos) una enfermedad, como digo, denominada Desorden Explosivo Intermitente: consiste en estallidos repentinos de ira y agresividad descontrolada. Es relativamente común, y difícil de diagnosticar ya que hay que excluir otras causas para estos ataques de rabia.

Las causas que se han barajado son muchas: lesiones en el córtex prefrontal, bajos niveles cerebrales de serotonina, una condición hereditaria (un polimorfismo del gen que sintetiza triptófano hidroxilasa). Similar es el Síndrome de Amok*, que consiste en un acceso de rabia homicida que ocasionalmente acaba en suicidio, pero esto parece ser algo más cultural que patológico. El Amok es cuando a alguien se le acaba la paciencia; el DEI no requiere tal desgaste, simplemente se tiene un arrebato desproporcionado en comparación con la causa.

Claro, este desorden es causa de muchas penurias: despidos, rotura de relaciones, rotura de cosas. Si se pudiera detectar una causa fisiológica definitiva, esto podría llevar a una cura… esto condujo a Emil Coccaro, profesor de psiquiatría en la Universidad de Chicago, a realizar un estudio sobre gente con este trastorno. Desde 1991a 2008 ha analizado 358 sujetos con DEI, y un factor relevante parece que es ser seropositivo al parásito Toxoplasma gondii.

Toxoplasmosis y hacking

Toxoplasma gondii, fase sexual (taquizoítos)Es interesante. La toxoplasmosis es una enfermedad extraña, ya que el parásito se encuentra fuera de lugar en su ciclo natural. Veréis, Toxoplasma tiene un ciclo vital complicado: depende del gato para fabricar huevos, y sólo puede entrar a un gato si éste come carne infectada. Así que ha adquirido la habilidad de modificar el comportamiento de los ratones para que éstos pierdan el terror innato que tienen al olor a pis de gato. El ratón con el cerebro hackeado y lleno de parásitos se expone a ser comido con facilidad.

Es una estrategia ingeniosa pero no rara: hay hongos que alteran el comportamiento de hormigas, y gusanos que obligan a caracoles acuáticos a suicidarse llamando a los pájaros para que se los coman, con el único fin de que su parásito llegue a destino (la panza del pájaro). Pero, ¿qué pasa cuando Toxoplasma toca el sistema nervioso de algo que no es un ratón?

En el caso de los humanos, se ha anotado un aumento en comportamientos de alto riesgo, tales como una lentitud para reaccionar, sentimientos de inseguridad y neurosis que parece que aumentan la propensión al suicidio. En cambio, el pis de gato sigue resultando detestable: la alteración deseada por el parásito ya no da los resultados esperados, es como usar un programa informático en un sistema operativo que no le corresponde. Aún así, en una serie de casos, funciona.

Ataques y stress

Como hemos dicho, el bicho vive en los humanos prisionero de su propia trampa: si se está quieto seguirá allí toda la vida, pero si se mueve el sistema inmune lo atacará. Por eso, cuando hay una bajada de defensas, Toxoplasma tiene su oportunidad (igual que el virus del herpes zóster, que causa la culebrilla) y ataca. Por aquí podríamos vincular los estados de stress con los ataques de DIE, ya sea por la actividad del parásito o por la respuesta inmune: esto aún no está claro.

El estudio sigue, ahora centrándose en poblaciones con alta incidencia de toxoplasmosis (comunidades Amish) y el estudio de los neurotransmisores afectados en el ciclo del parásito. De momento no se plantea siquiera una cura, sino más bien concretar si la relación infección-comportamiento es acertada.

Toxoplasma gondii Infection: Relationship With Aggression in Psychiatric Subjects, en el Journal of Clinical Psychiatry

*No, no le pusieron así por el episodio aquel de Star Trek, so friki. Esto ya lo contaban Kipling y Zweig décadas antes.

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