¡Otra historia de la jungla! Esta es un poco más gore y chunga, aviso. Después de aquel día en la selva con los gorilas, me puse un poco alérgico y febril, pero se alivió lo suficiente como para poder ascender de nuevo a los montes Virunga, esta vez a un punto a medio camino del volcán Karisimbi y el Bisoke: el antiguo campamento de la doctora Fossey, donde llevó a cabo la mayor parte de sus investigaciones sobre los gorilas de montaña y donde fue asesinada en 1985.

tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o1_1280tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o2_1280 tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o3_1280 tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o4_1280 tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o5_1280 tumblr_ncu6bpBBcg1rqpxq1o6_1280Aquello era muy parecido a un violentísimo ataque de alergia, y habiendo tantas plantas en la jungla fue la primera posibilidad que se me ocurrió. La otra, claro, era una infección vírica. Recordé de repente al monito que estornudaba y las historias de la fiebre hemorrágica que acechaba en las profundidades de las selvas de Zaire… y aquí en Rwanda también. Claro que eso fue al principio; cuando la fiebre atacaba, no podía pensar en nada. Pronto la loratadina y el ibuprofeno se volvieron inútiles.

Era como tener el cráneo lleno de plomo fundido, y además con un machete clavado encima de la nariz. Me dolían articulaciones y músculos que no sabía ni que tenía. Notaba los labios y los dedos de un tamaño descomunal, y una especie de ondulaciones o latidos al mismo tiempo táctiles y sonoros. Y los mocos anaranjados, de un color azafrán brillante y homogéneo -nada que ver con esa mezcla sanguinolenta que a veces sale-: ¿qué diablos era eso? ¿Cómo podía tener tantos fluidos dentro?

Gracia a las atenciones de Patxi (el guía nativo, nativo del país vasco digo, que ahora dirige la agencia Mogambo) y los demás miembros del grupo; también a los amigos de Médicos sin Fronteras y al personal del Gisenyi Hospital (que insistían en no hablarme directamente  aunque les respondía en francés, y me sacaron sangre de varios sitios para sus pruebas) pude contraatacar a lo-que-fuera y curarme. Tal vez algún día, con algún análisis de trazas genéticas residuales, sepa qué maldito virus era ese.

Atención a los interiores del Hotel Muhabura en Musanze, que es donde dormía Dian Fossey cuando no estaba en el campamento Karisoke: se han mantenido las mismas comodidades que en los años sesenta. Me encanta el sistema de aire acondicionado o radio, no sé qué era, y el fieltro ocre en la pared:

Habitación del Hotel Muhabura Un recuerdo de los años sesenta

Del resto de la historia no hay fotos, porque estaba demasiado mal para ello (lo cual da una idea de lo realmente mal que estaba). Sólo esta imagen del Hotel Serena en Gisenyi justo después de la visita de los médicos:

La cama era muy cómoda.

La ampliación es realmente siniestra. Felices pesadillas!

 

 

Enfermo

 

Epílogo: el momento humillante de la viñeta final fue la causa de esta otra historieta.