tumba_floresUna costumbre humana aparentemente universal es la de honrar a los muertos con cosas, ofrendas sin sentido con un puro carácter sentimental: enterrar al ser querido con un objeto personal suyo (o tuyo), con ropa, o algo “para el camino”. Más adelante se racionalizaría esta ofrenda en forma de monedas para cruzar al Otro Lado, o las complejas réplicas de la vida terrenal que montaban los egipcios, con esclavos y todo. Pero al principio, era una idea inocente entre gentes pobres: las primeras ofrendas serían piedrecillas bonitas o cosas de colores (algunos restos muestran al propio cuerpo coloreado con ocre rojo) y ¿qué cosa hay más colorida y fácil de encontrar que un ramo de flores silvestres?

Lamentablemente no tenemos idea de cuándo empezó la costumbre de colocar flores en la tumba. Hay referencias que se remontan a los neanderthal (Shanidar IV en los montes Zagros, Irán); acúmulos de polen en la tumba parecen indicar la presencia de muchas flores. Pero es controvertido: las especies corresponden a plantas medicinales, con lo cual esto pudo ser el botiquín de un chamán que se enterrase con él, o tal vez una actividad post-enterramiento provocada por roedores que hicieron un nido encima. De poder demostrarlo, tendríamos un testimonio de adorno floral con casi ochenta mil años (por no decir que es obra de una especie no humana).

El recién publicado descubrimiento de una tumba doble en una cueva en Monte Carmelo (Israel) proporcionaría una prueba más reciente pero irrefutable de un entierro con flores, concretamente salvia y menta, de hace doce mil años. Pertenece a la cultura llamada Natufiense, uno de los primeros testimonios de asentamientos agrícolas humanos y el umbral de la civilización que conocemos.

La tumba fue abierta en el suelo de la cueva y revestida cuidadosamente con un revoque de barro; se forró el fondo con ramas floridas de salvia y menta y los cuerpos -un adulto y un adolescente- se depositaron encima, junto con ofrendas de caza (o, en opinión del arqueólogo Daniel Nadel de la Universidad de Haifa, hubo un festín funerario y lo que depositaron dentro fueron los huesos de la comida). Las plantas se descompusieron completamente; sólo el polen es capaz de resistir tanto. Pero el barro fresco del fondo conservó las impresiones de los tallos, que se pudieron identificar como inflorescencias.

Artículo en National Geographic.

Visto en io9.