George Lucas y Alec GuinnessLa historia es más o menos así: un anciano exiliado en un desierto, perteneciente a orden de guerreros-filósofos que utilizan ciertos poderes conferidos por el conocimiento de una realidad superior, contacta con un joven y lo convierte en su aprendiz. Las consecuencias de esta alianza llevarán finalmente a una renovación de la orden… os suena? Y si os digo que el viejo brujo no se llama Obi-Wan, sino Don Juan? En este artículo sumamente friki vamos a dar un repaso a las conexiones entre el mito cinematográfico creado por George Lucas (Star Wars) y la serie literaria de Carlos Castaneda inaugurada con Las Enseñanzas de Don Juan, sus intrincadas conexiones y algunos tristes finales. Y no, no me refiero a Jar Jar Binks.

Un poco de historia personal

Promo de Star Wars, 1977. Poquita cosa.En 1977 mi escasa experiencia se vio afectada, como la de tantos, por el estreno de Star Wars y las consecuencias que esto tuvo en muchos campos. Que digan lo que quieran los críticos, pero a final de los ’70 Hollywood languidecía en medio de una crisis económica de la cual Lucas y Spielberg la sacaron a base de blockbusters. Este tal Lucas había hecho un par de películas antes que a mi edad me interesaban bien poco, pero esto era especial. Desde un principio, me atraía la magia y lo sobrenatural y esta extraña combinación parecía hecha a medida: desde el primer momento mi personaje favorito fue el viejo Obi-Wan Kenobi y su serena sabiduría. El tipo se sentía como pez en el agua en cualquier ambiente, igual tocaba tecnología como vivía en una cueva de barro, y evidentemente tenía más capacidades de las que dejaba traslucir. También se notaba que era un redomado mentiroso y manipulador, con o sin gestos de la mano.

Autobús Montevideo/Porto AlegreUn año más tarde, leyendo una revista brasileña de OVNIS en el autobús nocturno a Porto Alegre, descubrí un artículo que hablaba sobre hongos alucinógenos y otros productos que alteraban la percepción. En ellos se mencionaba a un tal “Carlos Castaneda, antropólogo y estudioso de las culturas indígenas cuya obra había inspirado a George Lucas en los conceptos de la Fuerza“. ¿Cómo? ¿Que la Fuerza era algo de verdad? A partir de ese momento se convirtió en un objetivo averiguar quién diablos era ese Carlos. Luego resultó que el tipo había empezado su historia en una parada de autobuses fronterizos.

En 1986 llegó a mis manos el libro que iniciaba la saga, Las Enseñanzas de Don Juan: una Forma Yaqui de Conocimiento, con el formato de un tratado antropológico editado en 1968. Y ahí empezó esta historia entrelazada…

Resumen de fechas

No voy a resumir aquí el argumento de La Guerra de las Galaxias porque sería cansino. Lucas concibió ese universo basándose en un montón de cosas que había estado rumiando desde sus años en la USC: tratados de antropología*, comics de ciencia ficción, El Héroe de las Mil Caras de Campbell, La Rama Dorada de Frazer, ideas sobre artes marciales y filosofías orientales, y un refrito de la ideología new age que estaba empezando en esa década. El best-seller que pasaba de mano en mano entre los estudiantes de esa época era la tesis doctoral que acababa de escribir otro estudiante californiano, un tal Castaneda -antropólogo por la Universidad de California- y esto se incorporó al mito Star Wars de la forma que veremos.

Una de las pocas fotos de Castaneda que hay.El primer libro de Castaneda es, supuestamente, una transcripción de apuntes de campo sobre la investigación llevada a cabo por el autor acerca del uso de plantas alucinógenas -concretamente peyote, toloache y hongos Psilocybe– por parte de los indios del área de Nuevo México. En una de sus pesquisas, contacta con un viejo indio yaqui, Juan Matus, que mediante engaños lo convierte en su aprendiz, pero no para adiestrarle el uso de las plantas sino con un fin más extraño: enseñarle los caminos de cierta fuerza primaria que genera el Universo y a las criaturas que lo perciben. Atención a la fecha, 1968.

El libro acaba con el autor apartándose del camino de la “brujería” por miedo. Está redactado de forma fría y eficiente, y ese contraste con un contenido increíble lo hace especialmente atractivo. Castaneda adquirió con esta obra una popularidad instantánea. Así, no es de extrañar que en 1971 se publicara una segunda parte (tres años, lo mismo que tardaría Lucas en hacer sus secuelas): Una Realidad Aparte, donde se narran más anécdotas y aparecen nuevos personajes a medida que el autor retoma su aprendizaje del “camino del guerrero”. Cada vez se hace más evidente el terrible poder del viejo y lo retorcido de su método de enseñanza, consistente en capa tras capa de mentiras destinadas a romper los esquemas del aprendiz.

Peyote. Pintura huicholEn 1973 aparece Viaje a Ixtlán; en este libro aparece otro personaje, Don Genaro, un gracioso hombrecillo que resulta ser un poderosísimo guerrero, en muchos aspectos superior al propio Don Juan. Con este libro la UCLA le otorgó el doctorado en Antropología, a pesar del corte cada vez más fantástico y literario de la obra, que incorpora elementos de diferentes filosofías y creencias -eso sí, de una forma muy coherente y justificada. La saga acabaría en 1975 con Relatos de Poder, en donde los viejos guerreros desaparecen de escena y dejan al discípulo con un desafío final, un salto de fe.

En 1977 (año de estreno de Una Nueva Esperanza) aparece un nuevo libro, considerado el inicio de la “etapa mística” de Castaneda: El Segundo Anillo de Poder. Aquí aparece una nueva serie de personajes rodeando al autor, y nuevamente una vuelta de tuerca respecto al canon de la saga original. La serie de libros proseguiría hasta hace muy poco tiempo, y los cambios son importantes ya que Castaneda formaría en la vida real una escuela para aplicar las enseñanzas de Don Juan y de su “nueva generación” de guerreros.

La versión de los toltecas

¿Qué pasa en estos libros? En principio están muy bien escritos, son entretenidos y hacen pensar. Los datos antropológicos relacionados con los yaqui y tarahumaras y sus rituales de consumo son cuestionables, y la mayor parte de la información es demasiado fantástica para tomarla en serio.

Que conste que esto que sigue es un resumen -bajo mi punto de vista- de muchos centenares de páginas, o sea que puede haber diferencias de interpretación y alguna laguna, lo admito. Cuidado! habrá spoilers aquí, y una extraña mezcla de universos.

Por lo visto en un período indefinido (más de diez mil años? en todo caso hace mucho, mucho tiempo) los chamanes de una cultura denominada como tolteca -sin relación directa con la civilización que la arqueología conoce como tal– experimentaron mediante drogas la disolución de los límites perceptuales que nuestra conciencia impone y fueron capaces de experimentar la realidad directamente, tal cual es: una especie de campo radiante de energía interconectado que es visualizado como una red de fibras luminosas. Los seres conscientes tienen el aspecto de encapsulados de estas fibras, con un punto de unión a través del cual se interpreta esa energía. La modificación de ese punto causa alteraciones en el comportamiento y la percepción, y se puede inducir mediante drogas u otros métodos. Decía repetidamente Don Juan: Somos seres luminosos… frase reciclada por Yoda y Obi-Wan diez años más tarde en el cine.

Out of YodaEl punto radiante de esta red de filamentos, apodada El Águila por estos toltecas, creaba la vida y la conciencia en forma de capullos luminosos con el fin de que interactuaran y generaran información extra; al disolverse los capullos con la muerte, esta información era reabsorbida por el Águila. El sentido final de la existencia era, pues, generar una complejidad estructural en el haz, una especie de comportamiento antientrópico por así decirlo.

El primer ciclo de brujos guerreros se parecía mucho a los Sith: brutales, utilizaban las emociones más primarias para obtener su poder. Miedo, ira, dolor: gran parte de los rituales mesoamericanos de sacrificios cruentos son explicados elegantemente de esta manera, por una casta que había alcanzado tal poder que dominaba la sociedad y construía trampas en forma de edificios y objetos de poder capaces de perpetuar su poder maligno a través del tiempo. Porque la finalidad última de los Sith, perdón, de los brujos del antiguo ciclo era perpetuar su existencia física aquí o en otro de los muchos mundos alternativos accesibles con la suficiente energía para mover el punto de encaje del que hablamos antes. (Recordemos que el Emperador Palpatine tenía esto en mente desde un principio, cuando acabó con su maestro). Corruptos y malignos por la propia naturaleza de su método, eran mucho más poderosos de lo que nunca serían los brujos posteriores. Pero no eran indestructibles. Y entonces vino el Imperio. Me refiero a los españoles.

Estatuilla tolteca (es decir de la auténtica cultura tolteca, 950-1200 d.C.)La Conquista alteró de tal manera la sociedad mesoamericana que los brujos estuvieron a punto de extinguirse. Sólo consiguieron sobrevivir recurriendo a subterfugios, ocultándose y siendo más listos que sus dominadores. El nuevo orden también cambió su metodología y objetivos, ya que en algún momento descubrieron que el truco para ser inmortal no consistía en prolongar su existencia mediante métodos cuestionables, sino en un proceso denominado recapitulación mediante el cual retenían la estructura del capullo luminoso incluso tras haberse fusionado con el Águila. Ser uno con la Fuerza, vaya; lo que consiguió el bueno de Qui-Gon Jinn.

Los nuevos guerreros eran taimados, y captaban a sus aprendices mediante engaños: un aprendiz voluntario no merecía la pena, probablemente. Esperaban una señal de la Fuerza y entonces montaban un teatro para conseguir que el pobre novato decidiera ser un guerrero, y encima creyendo que por iniciativa propia. Igual aparentaban ser viejos o retrasados, o se creaban un contrincante para acorralar al aprendiz (tanto Obi-Wan como sobre todo Yoda evitan al principio presentarse como son ante Luke, y se guardan un montón de información fundamental para que siga sus propios planes)

Pero hacia el final de Relatos de Poder, todo esto se acaba. Hay una… perturbación en el Águila. El nuevo aprendiz no sigue las reglas y aún así, parece que la Fuerza considera que está en lo correcto. La nueva serie de libros le da la vuelta a la tortilla a lo que sabemos, y de una forma que puede que no nos guste.

Jar Jar.

continuará…

* Lucas “estudió antropología” en el Modesto Junior College, lo cual es poquita cosa: cuando ingresó en la USC fue para estudiar Artes Cinematográficas. La Universidad del Sur de California (cuyo lema resulta interesante para las circunstancias: Limes regiones rerum, “La realidad acaba aquí”) era de las pocas que enseñaban esta especialidad.