Otro descubrimiento de algo que siempre ha estado ahí: No inventamos el tornillo.

Es decir, no el tornillo como pieza de sujeción, sino la forma helicoidal que permite deslizarse una pieza dentro y fuera de otra. Cierto que algunos animales fabrican orificios con forma helicoidal, pero en este caso estamos hablando de un gorgojo (Curculionoidea) de Papúa cuyas patas están articuladas no de la forma habitual que imaginamos -la articulación coxofemoral que nos permite describir un movimiento más o menos en forma de cono con las piernas- sino que se unen al cuerpo con una pieza que recuerda mucho a un tornillo. Y el descubrimiento (gracias al Instituto de Radiación Sincrotron del Instituto de Tecnología Karlsruhe y el Museo Estatal de Historia Natural de la misma ciudad alemana) se publicó hace tres días.

La articulación de Trigonopterus no es la más versátil en cuanto a amplitud de movimientos, pero sí es mucho más robusta: permite aplicar más fuerza y es menos propensa a dislocarse, lo cual es una ventaja en su hábitat.

Todavía nos queda la rueda. Ninguna forma biológica utiliza ruedas para desplazarse (que sepamos) (de momento).

 

Visto en Physorg.

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