Septiembre ha traído lluvias y una tregua del calor sofocante del verano, pero también es temporada de “anidar junto al macho alfa“. Y las pobres, como no tienen otra cosa, se vienen conmigo.
El ventilador-torre no es ninguna máscara metafórica tipo Austin Powers, es un SilverCrest que es lo poco que cabe en mi diminuto dormitorio. Y va muy bien. Tendré que dejarlo un par de meses más.

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