Investigando algo que no viene a cuento he descubierto esta curiosa leyenda china acerca de un potentísimo veneno que es posible que tenga una base real: el Gu, cuyo significado es mucho más que un producto tóxico.

Ideograma Gu-蠱El antiquísimo ideograma para Gu (o  Ku) cuya traducción es “veneno o hechizo” está compuesto de dos partículas: chong (sabandija) y min (frasco, recipiente). Chong se refiere indistintamente a serpientes o gusanos, aunque también incluye insectos y lombrices y otros bichos; recordemos que -igual que en Europa hasta pasada la Edad Media- los “bichos” eran un grupo taxonómico válido hasta que supimos que cada uno tenía un origen y unas características diferentes.

Lo bonito del chino es que te da pistas de su significado. En este caso, Gu “tarro de sabandijas” también se aplica a otras cosas, como puede ser un espíritu maligno, el “poder maléfico ancestral que causa enfermedad en los vivos”, o el “espíritu de un ajusticiado por decapitación, cuya cabeza ha sido colocada en una estaca”. Vemos que no son definiciones de muy buen rollo.

Tarrito para GuUn sinónimo de Gu parece ser Jincan, palabra que se remonta a la dinastía Tang. Jincan se traduce como “gusano de seda de oro” y se aplica literalmente, aunque también a ciertas decoraciones funerarias en oro. La leyenda dice que entre los Miao -un grupo étnico diferenciado que habita en China- existía una interesante tradición.

El quinto día del quinto mes -que corresponde al momento más tórrido del verano, cuando las fiebres y enfermedades por intoxicación son más activas- los Miao metían en un recipiente todo tipo de sabandijas venenosas: ciempiés, arañas, escorpiones, serpientes… los animales se masacraban entre ellos y del superviviente se extraía un veneno que contenía el poder mortífero combinado de todas las toxinas de los bichos. Este concentrado, el Super Saiyan de los venenos, no tenía un sabor u olor distintivos y era letal al cabo de unos diez días.

Lo de “gusano de seda de oro” viene del hecho de que cuantas más víctimas causara esa poción, más oro ganaba el propietario. De ahí se derivaron seguramente las leyendas de un auténtico Gusano que excretaba veneno, que si se usaba para sacrificar gente provocaba que el gusano generara oro literalmente. Obviamente estamos hablando de magia negra china de lo peor.

Zorro de siete colasY más: el Gu no sería ya un veneno físico, sino una fuerza maléfica que corrompe y no puede ser destruida por métodos de medicina convencional. Un equivalente a lo que los sumerios denominaron como Pazuzu, el demonio del viento del suroeste, que traía las tormentas, las plagas y la fiebre. Aunque cierto tipo de raíz de jengibre sería el antídoto mágico, y la carne de un animal parecido a un zorro de siete colas puede hacerte inmune a este tipo de qi corrupto.

Acercándonos un poco más a la realidad, parece que estos Miao -sobre todo las mujeres- tenían la receta para fabricar una toxina que usaban para que sus parejas eventuales no las abandonaran. Les daban Gu y si ellos se iban “a por tabaco” por así decirlo, tenían diez días para volver antes de que se les empezaran a pudrir las tripas. Por supuesto, sólo estas mujeres Miao conocían el antídoto.

Los Miao eran por lo visto algo así como los gitanos chinos, algo que el folklore asociaba a prácticas malvadas y brujeriles. Esta xenofobia se aplicaba en la práctica, ya que el castigo de alguien sospechoso de asesinar mediante Gu consistía en la pena capital, exhibiéndose luego la cabeza del ajusticiado en una pica (de ahí el otro significado de Gu). El fantasma de la bruja o hechicero rondaría el lugar donde se exhibía la cabeza, descargando su ira en forma de enfermedades en la gente (y ahí viene la tercera definición).

El paralelismo con el concepto de bruja gitana se extiende al hecho de que estas prácticas se usaban primariamente para obtener beneficio -no tanto como instrumento de venganza o justicia- y otras prácticas asociadas al Gu que recuerdan el clásico vudú de muñequito y paquetes embrujados. Sin duda la leyenda negra se aplicaba en las dos direcciones, y las mujeres Miao tendían a su disposición una potente arma psicológica para controlar a sus maridos.

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