Una cosa que poca gente sabe es que los fósiles, por muy finos y detallados que sean, no son seres vivos. No, no es que sean esculturas hechas por Satanás para engañar a los ateos: pero el proceso de fosilización ha destruido todo resto de materia orgánica, dejando un molde mineral que aunque da mucha información morfológica no sirve para según qué cosas: la prueba del C14, clonar ADN…

Esta semana PZ Myers (Pharyngula) publica un artículo con nueva información sobre un trozo de tejido blando conservado entre los huesos de un Tyrannosaurus rex. No se trata ya de un detalle fino, sino de que los especímenes retienen parte de su composición orgánica. ¿Cómo pudo ocurrir esto? Es posible que los potentes y altamente mineralizados huesos encerraran estos tejidos blandos en una matriz orgánica, protegiéndolos primero de la descomposición y luego de la mineralización port-mortem. También podría ser un simple pegote bacteriano, una contaminación de la muestra que aparenta ser carne de dinosaurio. La investigación continúa, y aún no está claro si es cecina o mojama o si vale para caldo.

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