Esta mañana mi cabeza empezó a reproducir una cancioncilla de las galletas “Chiquilín“. Esta música seguramente sólo pueda escucharse ahora con un receptor en Altair, Proción o iota Persei, porque hace treinta años que no resuena en nuestro planeta. Qué mecanismos oxidados han sacado esta información inútil de mi coco, o por qué, lo desconozco; pero me tiene agobiado. Es pegadiza como la gripe. Es auto-spam.

Rectifico: no hay que ir tan lejos. Está, cómo no, subida a Youtube: