John Dee -un personaje de quien ya hemos escrito en ocasiones- fue el asesor personal de la reina Elizabeth I de Inglaterra allá por el final de la dinastía Tudor, en el siglo XVI. Filósofo y científico, experimentó en los campos de la astronomía, matemáticas, navegación, alquimia, magia natural y necromancia; bajo la máscara de mago y ocultista, ejerció como espía para la reina en sus viajes. Hay quien opina que toda esa capa paranormal era una cobertura perfecta para sus actividades de agente, obteniendo información acerca de otros gobiernos europeos y sobre los nuevos territorios que se estaban descubriendo.

Es difícil que esto fuera tan extremo; Dee tenía demasiados textos y colecciones en su gabinete para que este aspecto de su persona fuera una simple tapadera, pero sin duda supo utilizar estos recursos como un práctico camuflaje. El lenguaje enoquiano que le fue “revelado” por los ángeles era un método práctico de encriptación de mensajes. Estamos hablando de un tiempo en que la criptografía era más un arte oculta que una técnica: la Steganographia de Trithemius estuvo en el Index Librorum Prohibitorum de la iglesia católica hasta que se dieron cuenta que no iba de magia, sino de codificar información. También es cierto que en esta época de ciencia naciente un científico estudiaba todo: el propio Newton estudió alquimia cien años después, cuando su práctica aún se confundía con la naciente química.

Bueno, el caso es que hay un cuadro bastante famoso que representa al mago en su momento de gloria, bajo la mirada de toda la corte: nos referimos al lienzo de Henry Gillard Glindoni (1852-1913) pintor victoriano que además plantea los retratos -no de primera mano, claro- de la Reina, de sir Walther Raleigh (a su izquierda) del consejero William Cecil y del skryer o médium Edward Kelley, que sentado en la penumbra tras el mago lleva un gorrito que le cubre las orejas… más bien su ausencia, ya que las perdió en algún turbio juicio.

Lienzo en que se ve a John Dee realizando sus conjuros

El análisis por rayos X ha permitido descubrir un detalle siniestro en la obra, algo que Glindoni quiso cubrir más adelante: la idea inicial era que Dee estuviera realizando sus conjuros rodeado de calaveras humanas. Ahora sí que el cuadro hubiera parecido más un Frazetta, verdad? Sea como fuere, el pintor decidió cubrir este aspecto macabro y no se ha desvelado hasta ahora.

calaveras

Tal vez uno de los hombres más sabios de su época, su biblioteca personal era la mayor de Inglaterra y una de las mejores de Europa. Pero todo su conocimiento e influencia le sirvieron de poco cuando, fallecida la reina, el monarca James I -poco dado al ocultismo y lo sobrenatural- pasó un montón de ayudarlo. Murió en Mortlake (Londres) en una relativa pobreza, y ninguna lápida cubre sus restos.

Scholar, courtier, magician: the lost library of John Dee, en el Royal College of Physicians hasta Junio.