Un hallazgo arqueológico en la cueva de Fumane (norte de Italia) nos muestra cómo una pieza fuera de contexto cambia considerablemente de valor. El objeto en cuestión es una concha de caracol (Aspa marginata) gastada y rota, de poco más de 1 centímetro. Tiene un agujerito para pasar una correa y en la superficie porosa quedan restos de pigmento, lo que indica que además había sido pintada con ocre rojo. Un pendiente*, un adorno colgante que alguien se tomó la molestia de preparar y llevar tierra adentro; Fumane está a 110 kilómetros del yacimiento Mioceno-Plioceno de donde fue extraída (el caracolillo ya era fósil antes de ser trabajado). No es extraño, a mucha gente le fascinan los fósiles y  eso de tener una caracola de piedra sacada de la roca y colgada al cuello pues tiene su gracia.

caracolillo

El contexto, que es lo que decíamos antes que era de vital importancia, es que se trata de un estrato Musteriense de hace 47.000 años. Y no es un artefacto removido; la datación del objeto coincide. Este adorno, esta pieza de joyería no es humana: es Neanderthal.

Del Homo neanderthalensis se ha discutido mucho y ha pasado de ser el jorobado a estrella del show prehumano: pero a nivel académico siempre se le ha relegado como una especie tímida, poco innovativa, que desapareció por su falta de iniciativa (por no ser proactivo, como diría algún empresario de esos que ahora se enfrentan a su propia extinción). Fueron los primeros en enterrar a sus muertos, posiblemente con flores, pero no tenían arte: los escasos testimonios que nos quedan son dudosos, como las focas pintadas en la cueva de Nerja (España). La “incapacidad para la representación simbólica” es el handicap que atribuimos a los neandertales, igual que su lenguaje que debió ser “tosco y más parecido a los sistemas de comunicación de los simios”.

Paparruchas. No tenemos ni idea. Veremos lo que queda del arte sapiens dentro de 45.000 años. Ahora mismo estamos descubriendo estas pequeñas piezas que implican mucho más que lo que son materialmente: trabajos de una mente compleja, inquieta y que había alcanzado socialmente una estabilidad suficiente como para dedicarse a la contemplación estética. Cosa que a nosotros todavía nos cuesta.

 

An Ochered Fossil Marine Shell From the Mousterian of Fumane Cave, Italy en PLOS One.

Visto en Pharyngula.

* De hecho los arqueólogos de la Universidad de Ferrara plantearon cuatro hipótesis para el objeto: herramienta, contenedor de pigmento, un manuport (objeto transportado por gusto pero sin mayores alteraciones) o adorno personal.

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