Mi primer apunte de viaje… una de las cosas que quería hacer en la capital austríaca era ver algunas reliquias famosas que sabía que residían allí, y fuera cierta o no la leyenda que las rodeaba resultaban puntos interesantes. Así pues me dirigí directamente al Hofburg y saqué un pase para la Schatzkammer, la Cámara del Tesoro Imperial, donde se encontraba uno de ellos: la Lanza de San Mauricio.

La Cámara es realmente eso, un depósito subterráneo al que se accede mediante una puerta blindada como la de las cajas fuertes de las películas, y no es para menos: dentro está el tesoro del que fuera Imperio austrohúngaro desde los orígenes. La corona de Carlomagno, cetros y tiaras, cientos de relicarios, joyas y objetos de oro, plata y piedras preciosas; tesoros culturales (y materiales) expuestos cuidadosamente como corresponde a un museo. Casi al final del recorrido, en una esquina (después de atravesar una sala llena de fragmentos de huesos humanos bellamente recubiertos de plata y sedas, reliquias de santos más o menos famosos) está una hoja de hierro oxidada, rota y remendada en varios puntos con hilos y refuerzos de oro y plata: la llamada Lanza de Longinos, aquella que según la leyenda atravesó el costado de Cristo y permitió a José de Arimatea recoger la sangre en el Grial.

Lentamente me apercibí de una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba… una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del espíritu de mi pueblo.

Oh, la frase no es mía: es de Adolf Hitler. nunca he creído en el destino (al menos el mío: no es de fiar).

La hoja tiene en medio un calado posterior donde se aloja un clavito, supuestamente sacado de la cruz; en la banda de oro central colocada en 1350 se lee: “LANCEA·ET·CLAVVS·DOMINI” (Lanza y clavo del Señor)

La historia completa de esta reliquia es larga y tediosa, pero lo importante es su valor simbólico: se dice que aquel ejército que porte la Lanza será invencible. Se cuenta también que el joven Hitler, pobre estudiante de arte en Viena, venía siempre que podía a mirar la Lanza (ahora no podría, a 8€ por visita); y que lo primero que hizo después de anexionarse Austria fue ordenar que se llevaran el objeto a Nüremberg para almacenarlo y estudiarlo. Allí estuvo hasta el mismo día en que los americanos tomaron la ciudad y accedieron a la cámara que lo contenía -el mismo día que el ya no tan joven estudiante pasado al lado oscuro se pegaba un tiro en su bunker.

La cuestión con estas reliquias es que no parece que sean talismanes benéficos (como correspondería a algo asociado con Dios o Jesús) sino fuentes de un poder inimaginable difícil de describir -nada que ver con electromagnetismo o antimateria, aquí hablamos de poderes místicos- que puede volverse en contra de su poseedor si no se le maneja con cuidado.

Siguiendo el juego mitológico, tal vez esta lanza concreta no sea la auténtica: hay otras cuatro en el mundo que se arrogan ser la verdadera Lanza Santa, y además está la historia de aquella base en la Antártida adonde fue llevada por miembros del Ahnenerbe, el instituto de estudios arios que -se dice- era una tapadera del Servicio Secreto Paranormal de Hitler. Según esto la reliquia sagrada sigue en las heladas tierras del Polo austral, en alguna base secreta de la cual sólo entran y salen OVNIs nazis dirigidos por… uh, otro día tocaré este tema. ¡La pieza que se exhibe en Viena sería una cuidada réplica hecha por un experto fabricante de espadas japonés!

Un mapa de Neuschwabenland (Antártida nazi)
Fotos más detalladas en la Galería (próximamente)
Nota: Se me ha hecho extremadamente difícil encontrar alguna descripción seria de este objeto, sin que se mencionen nazis ni fuerzas sobrenaturales. Esta página (en inglés) es lo más aproximado, aunque cuenta todas las leyendas de más arriba: pero al menos da detalles de la pieza 155 del catálogo del Tesoro Imperial.