Arkive video - Infant platypus in burrow and lactationSi hay un mamífero que puede competir en rarezas con la rata-topo desnuda -de la que ya hemos contado cosas en ocasiones- es el ornitorrinco (Ornithorhynchus anatinus) habitante de ríos y lagos en Australia y Tasmania. Este encantador y extraño bicho apenas puede considerarse un mamífero, ya que de hecho no mama: carece de pezones, y la leche la sudan por los poros de la barriga en la cual las crías chupetean. Esta rara práctica se hace menos difícil al explicar que las glándulas mamarias podrían ser glándulas sudoríparas apocrinas modificadas (estas son las que disponemos en los labios menores, escroto, ano y axilas). También justifica que yo no beba leche.

Pero el ornitorrinco dispone de otras cosas curiosas: pone huevos (esto es un clásico de las rarezas, además de que sus huevos son reptiloides y no de “pájaro”) y tiene una zarpa con glándula venenosa incluida que usa en sus luchas de apareamiento.

esqueleto de ornitorrincoLa estructura de su cintura es primitiva también: tanto el fémur (traseras) como el húmero (delanteras) están orientados hacia los lados del cuerpo, no hacia abajo. Es decir, se parecen más a los reptiles primitivos que a mamíferos, aves y dinosaurios. Y por cierto, carecen de estómago. Han abandonado esa vieja bolsa de ácido y su esófago va a dar directamente a los intestinos.

(No está muy claro por qué los ornitorrincos, al igual que muchas especies de peces y algunos anfibios, han perdido el estómago y los genes que controlan la fabricación de enzimas pepsinógenas y la bomba de protones gástrica. No es que los genes estén ocultos, sino que han desaparecido. Podría deberse a adaptaciones dietéticas o del entorno: al fin y al cabo, mantener una bolsa llena de ácido corrosivo es bastante costoso para el metabolismo).

Son buenos nadadores, pero cierran los ojillos (y se tapan la nariz y los oídos) al bucear. Bajo las aguas turbias, estos animales utilizan su capacidad para percibir campos electromagnéticos en combinación con sensores de presión para orientarse y detectar a sus presas; algo más avanzado que los electrorreceptores de tiburones y anguilas.

La proteína MLP (imagen ©: CSIRO)Pero volvamos a regodearnos con la sudorosa leche de sus barrigas, que es el origen de este artículo. A diferencia del mecanismo aislado del pezón, este sistema primigenio expone el fluido altamente proteínico a un entorno lleno de bacterias, antes de que las crías puedan lamerla. Eso, además de asqueroso, es peligroso, ¿verdad? ¡No! Un estudio recientemente publicado describe por primera vez -mediante el uso de cristalografía de rayos X y un sincrotrón- una proteína específica de la leche ornitorrinca que le otorga potentes propiedades antibacterianas. Estructuralmente es una molécula bastante compleja -de ahí que la hayan apodado “Shirley Temple” porque parece una peluca de rizos, en la que cada rizo es una hélice de aminoácidos altamente retorcida y empaquetada.

MLP, que es el nombre de esta proteína, es específica de los monotremas (ornitorrincos y equidnas) y parece especialmente desarrollada para proteger a la cría en ese entorno tan poco aislado. Al desarrollar el mecanismo del pezón, la necesidad de esta arma química se volvió secundaria y el resto de los mamíferos la perdimos. Su análisis podría dar lugar a una nueva serie de fármacos capaces de combatir las cepas de microbios cada vez más resistentes a los antibióticos conocidos.

Structural characterization of a novel monotreme-specific protein with antimicrobial activity from the milk of the platypus, en Acta Crystallographica

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