Enredadera camaleón, Boquila trifoliolataEl fenómeno del mimetismo es bien conocido en el reino animal. Este fascinante mecanismo, mediante el cual un organismo imita el aspecto exterior de otro (o de su entorno) ya para camuflarse y pasar desapercibido, ya para protegerse simulando ser más fiero de lo que es, tiene muchas variantes. Los más espectaculares ejemplos de mimetismo vienen -cómo no- de los insectos: insectos palo, polillas con “ojos” de búho dibujados en sus alas, moscas que parecen abejas… cualquier jardín alberga muestras de ellos. Pero, ¿cómo una mosca puede, ya no transformarse -que no puede- en una abeja, sino saber el aspecto exacto de patrones de color, forma de la cabeza y ojos, y postura de una abeja? Es fácil de explicar: presión selectiva.

Una mosca gris original obtiene una mutación que le da un tinte amarillo, por ejemplo. Ese color (que en el reino animal suele significar: cuidado!) hace que los pájaros y arañas se lo piensen antes de comérsela. Por lo tanto, mientras sus colegas grises caen -como moscas- ante los depredadores, la mosca amarilla vive y tiene crías, que heredan la mutación amarilla. Algunas vivirán y otras no… y algunas tendrán otra mutación aleatoria, provocada por las mil causas de mutaciones que hay en la naturaleza: la mayoría neutras, algunas letales. Y en alguna aparecerá un patrón de bandas negras y amarillas. Esa mosca tendrá más oportunidades aún que la amarilla lisa, porque los pájaros la verán aún más parecida a una abeja incluso de cerca. Y tendrá descendencia, y tal y tal.

Digamos que una generación-mosca son veinte días. Eso son 18 generaciones en un año, más o menos lo que nos separa a nosotros de nuestros ancestros en la época del Renacimiento. Démosle un tiempo adecuado, supongamos que la especie de mosca camuflada Eristalis tenax (mosca zángano) existe desde la época de los Neandertales. Eso da cuatro mil ciento cuarenta millones de generaciones de moscas, suficiente para hacer algo más que un efecto de rayas de colores. Y posiblemente E. tenax divergiese de una especie gris hace muchos millones de años.

Eristalis tenax o mosca zángano

Eristalis tenax o mosca zángano

Entonces tenemos claro que el bicho no tiene que verse en un espejo para maquillarse, porque -oh ironías del destino- son sus propios depredadores los que le ayudan a tomar el aspecto adecuado para darles miedo. No hay inteligencia ni intencionalidad, sólo un filtraje adecuado y mucho tiempo libre.
BoquilasY ahora presentamos a la enredadera camaleón (Boquila trifoliolata) para liarla más. Esta plantita oriunda de Chile y Argentina es capaz de hacer crecer sus hojas imitando las de su entorno. Incluso dentro del mismo ejemplar, si se enrosca alrededor de diferentes plantas sus hojas tomarán la forma y tono de verde del huésped aunque haya notables diferencias de tamaño.

A la izquierda tenemos hojas de B. trifoliolata (flechas rojas) junto a  Rhaphithamnus spinosus,  Aextoxicon punctatum y Fuchsia magellanica (señaladas en azul). La verdad es que lo hace bastante bien.

Este criptomimetismo aparentemente la protege de herbívoros e insectos, ya que un análisis revela que los ataques disminuyen entre un 33 y un 100%. Hay notables ejemplos en muérdagos australianos, pero esas plantas -al igual que la mosca zángano- copian una sola especie y ya la conocen. ¿Cómo hace Boquila para, así sobre la marcha y sin selección natural, copiar el aspecto de otra planta sin siquiera tener ojos?

El mecanismo es un completo misterio. Se especula con la posibilidad de que la planta detecte “pistas” de la morfología del huésped mediante señales químicas o genes transferidos mediante microbios de planta a planta.

Leaf Mimicry in a Climbing Plant Protects against Herbivory, en Cell.com

 

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