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Es bien conocido que las angiospermas, o “plantas con flor” deben su tremendo éxito a partir del Mesozoico a la cooperación con los insectos polinizadores, que les amplían su capacidad de dispersión mucho más allá de lo que el viento podía hacer por las esporas. Esta simbiosis ha dado lugar a adaptaciones morfológicas extremas, que no solo implican a insectos sino a aves (colibríes) mamíferos (murciélagos y pequeños roedores) y en fin, cualquier forma de vida que saque ventajas de la miel o el polen que las flores ponen a su disposición. Incluso los humanos, a su manera, han cooperado con las flores al cultivarlas por ornato, valor farmacológico o alimenticio: muchas especies de plantas han triunfado en el ecosistema global gracias a este dulce soborno.

 

asuni_youngHacia 1918, la expedición amazónica del británico Normal Caldwell trajo de las selvas brasileñas una curiosa historia: la flor de Nhandabá, un tipo de orquídea utilizada por algunas tribus del Alto Xingu para masturbarse. En su momento la presentación del informe fue casi confidencial por lo delicado del tema, pero los datos parecían demostrar la existencia de una gran planta rastrera cuyas flores, que se alzaban al final de tallos gruesos de casi un metro en torno a terrenos arrasados tras incendios forestales, tenían un aspecto y funcionalidad casi exactos a los de una vagina humana. Se discutía si el parecido era fortuito o consecuencia de un pacto evolutivo entre las dos especies, ya que los indios -de las tribus Katinemô, Assuní, Waré- parecían tener un largo contacto con esta especie.

CorridaDoHomemPor lo visto dos o tres veces al año se formaban grandes partidas de hombres en busca de las aba’nhandaba, los sitios quemados donde esta planta pirófila crecía. Las expediciones servían también como ceremonias de iniciación para los jóvenes de la tribu, que evitaban así los problemas que acarreaba el secuestro de mujeres de tribus vecinas (o tener que conquistar a alguna india vecina de buenas maneras, aún más complicado). Caldwell resaltaba la excitación de los indios antes de estas partidas en pos de la Flor-Mulher: algunos grupos de nativos, extraordinariamente delgados y emaciados, parecían adictos a esta costumbre, y dos de estas tribus estaban reducidas a pocos individuos.

florLas flores no se cosechaban: la nhandabá se utilizaba directamente sobre el terreno. La flor disponía de dos antecámaras polínicas -o así lo describe Caldwell, que por cierto no era botánico- y un canal bordeado de sépalos e inervaciones. Este canal era penetrado sexualmente por los indígenas, mientras el vello de la zona púbica y los testículos quedaban cubiertos de polen. De esta forma la planta se fecundaba sin necesidad de generar néctar o cualquier subproducto, sólo requería la forma adecuada.

Que parece ser que era bastante adecuada: el propio explorador, instigado por los indígenas, llegó a probar una de estas plantas quedando “sumamente complacido por las sensaciones que proveía el vegetal (…) las texturas internas, la consistencia del canal y sus proporciones eran perfectas (…) lamentablemente la flor no ha podido ser replantada en nuestros Jardines Botánicos de ninguna manera, a pesar de todos los intentos“. El problema es que la planta sólo crecía en terrenos selváticos quemados.

momia_xinguLo cual debemos considerar afortunado, en vista del resultado de esta simbiosis. Para empezar, las tribus empezaron a quemar grandes extensiones de terreno para conseguir más flores hasta llegar incluso a incendiar las tierras de sus vecinos, la terrible tribu de los Morcegos, los cuales tomaban su revancha arrasando reiteradamente los poblados Katinemô y Waré. Aparte, la tasa de natalidad era muy baja y los nativos (hombres) estaban raquíticos y débiles. Algunas momias encontradas en la selva, recomidas por las hormigas, seguramente dieron lugar a la leyenda de las ya’gua’nhandabá o flores Come-Homens, aunque sin duda eran los restos de masturbadores compulsivos agotados por el esfuerzo en medio de un prado de nhandanbás.

Si esta flor se hubiese extendido a Europa -y además en plena Primera Guerra Mundial- los resultados podrían haber sido desastrosos. Los intentos desesperados del Jodell Bank Arboretum y siete jardines botánicos más fueron infructuosos, ya que la planta requería unas condiciones específicas de terreno, temperatura y humedad. Después de la guerra, Nikolai Bludu -un antropólogo bielorruso- recorrió los lugares de la expedición Caldwell, pero no encontró ni las tribus ni los famosos prados de nhandabás. Actualmente las tres tribus están consideradas extintas y lo mismo ocurre con la flor, al carecer de elemento dispersor.

Sin embargo, el año pasado el antropólogo brasileño Normando Vilas Bolas localizó en el Alto Xingu varios ejemplares aislados de una orquídea que se asemeja increíblemente a la descripción de Caldwell (es la flor que aparece arriba). La especie, en fase de estudio, está siendo reproducida en los Jardims do Parque Ambiental Serra da Titica, donde -sorprendentemente- pueden adquirirse semillas para su cultivo ornamental.

Enlace a la tienda virtual del JPA Serra da Titica.

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