Petroglifo en White Tanks Regional Park, Phoenix. Foto: John Barentine, Apache Point Observatory

En el año 1006 d.C. la población de la Tierra tuvo la posibilidad de presenciar un evento singular: en una región del cielo -concretamente en la constelación de Lupus, al lado de Centaurus- un objeto empezó a brillar intensamente y siguió haciéndolo durante más de un año antes de extinguirse. Astrónomos chinos, árabes y europeos dejaron constancia del fenómeno: Alí B. Ridwan (de Fustat, actualmente El Cairo)  en sus comentarios al Tetrabiblos menciona un nayzak (fenómeno) que brillaba tanto como una luna creciente. El astrólogo de la dinastía Song Zhou Keming la vio como un objeto amarillento a cuya luz se podía ver en la noche. Radulfus Glaber (un monje de Dijon) y Hepidannus (un benedictino de St. Gallen) también lo testimonian en sus respectivos anales, no sin una manifiesta congoja. Es posible que las figuras dibujadas en piedra por los nativos americanos -en la foto de la izquierda- fueran también un testimonio del llamativo fenómeno.

Lo que vieron los humanos durante la primavera de 1006 fue una supernova tipo Ia; la explosión de una estrella binaria a 7200 años-luz de aquí, una inimaginablemente descomunal liberación de energía que todavía está ardiendo en el cielo. Esta foto reciente  -de hace dos días- del Observatorio Chandra de Rayos-X nos da una idea de lo que debió ser el pepinazo: la bola de energía y gases en expansión mide actualmente setenta años-luz de diámetro.

SN1006