SupernovaHasta hace no muchos años, mirábamos el espacio y nos maravillaba pensar que está lleno de estrellas. No hace mucho que hemos descubierto la cantidad de cosas que pueden hacer los átomos de hidrógeno cuando le das suficiente tiempo.

Nebulosas, supernovas, púlsares, quásares, agujeros negros, galaxias, supercúmulos, criaderos de estrellas, sistemas dobles y múltiples, fuentes de todo tipo de radiaciones exóticas… y esto sólo hablando de estrellas, sin entrar en lo que hemos descubierto de planetas y satélites y otras estructuras secundarias. El espacio es un lugar mucho más raro y variado de lo que imaginábamos desde aquí, y eso que nuestra primera sonda apenas hace unos años que se ha asomado al espacio interestelar. Apenas hemos visto nada.

Muchas veces nos llegan noticias de extraños objetos –Oumuamua es el último, pero también está la misteriosa estructura en torno a KIC 8462852– y le buscamos la parte de tecnología extraterrestre; esto no tiene nada de peculiar, es lo que nos gustaría encontrar, pero los fenómenos naturales exóticos también tienen su encanto.

En septiembre de 2014 Iair Arcavi y un equipo de físicos de la Universidad de California empezaron a observar a iPTF14hls, una supernova recién descubierta desde Monte Palomar en la Osa Mayor -eso es un decir, porque no se ve, está a 500 millones de años luz- esperando atestiguar el típico ciclo de una supernova clase II-P: la erupción final de increíble energía que acaba con la extinción de la estrella como tal y deja como residuo una pequeña estrella de neutrones (o un agujero negro) y una nube de materia en expansión, principalmente elementos pesados.

El observatorio de Monte PalomarPero iPTF14hls seguía explotando y liberando energía, mucha más de lo esperado. De hecho, aún sigue: tres años es demasiado tiempo para un flashazo de alta energía, así que hay que elaborar alguna teoría para imaginar qué está pasando. Difícil, porque está tan lejos que apenas sabemos algo de ella.

Se calcula que iPTF14hls tiene una masa de al menos cincuenta veces la de nuestro Sol; la galaxia en la que está es una galaxia enana, un criadero estelar con pocos metales en su composición (esto se sabe por su signatura espectral, obtenida por el LRIS del observatorio Keck en Hawaii). El espectro de iPTF también es bajo en hierro, y la condenada se mantiene a una temperatura de 5700º en lugar de enfriarse rápidamente.

Actualmente hay dos hipótesis, a cual más interesante: en una, el núcleo estelar (que debería ser bastante más grande de lo que pensamos) estaría compuesto de antimateria. Esto provocaría una inestabilidad en las reacciones que daría lugar a explosiones repetidas, cada una de las cuales expulsa una cierta cantidad de materia (o anti).

Según la otra posibilidad, iPTF14hls sería un objeto -hasta ahora teórico- llamado supernova de inestabilidad de par pulsacional. Se trata de lo siguiente: una estrella supermasiva, digamos 130 veces la masa del Sol, empieza a agotar su combustible. La presión de los rayos gamma que emite ya no pueden evitar el colapso gravitatorio, y toda la estrella cae sobre sí misma estrujándose hasta que una nueva reacción nuclear más violenta -en este caso el oxígeno presente- provoca otra explosión y la emisión de una capa de materia.
La colisión entre esta nube de partículas con otras emitidas anteriormente liberaría enormes cantidades de energía en forma de radiación. Veis, en realidad es una falsa supernova.

Pero ninguno de estos modelos teóricos cuadra con los datos reales que están llegando de iPTF14hls, así que hay que ajustar estas hipótesis si queremos descubrir la realidad.

Por cierto, queda algo aún más raro. Revisando material de archivo, los astrónomos descubrieron que eniPTF14hls supernova en 1954 se había registrado un evento luminoso en la misma posición que ahora ocupa iPTF14hls. ¿Una explosión? ¿Otro avatar de la misma estrella? ¿Cuántas veces ha encendido su fuego nuclear hasta ahora?

Energetic eruptions leading to a peculiar hydrogen-rich explosion of a massive star, en Nature

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