ArchaeplastidaUno de los misterios de la paleontología clásica (y digo misterio no porque implique algo sobrenatural o marcianos, sino porque es una cosa muy espectacular que no tiene explicación segura) es la expansión de los organismos pluricelulares complejos, en su momento esponjas, gusanos, medusas y poco más. No es que sustituyeran a las bacterias y protozoos, que siguen aquí, sino que se convirtieron en la biomasa dominante y más aparente del planeta.

Desde hace unos tres mil millones de años hasta hace 750 millones, los océanos fueron el reino de bacterias que pululaban por ahí oxidando hierro y azufre, creando estructuras cada vez más complejas como un núcleo, las mitocondrias para generar energía, los cloroplastos para vivir de la luz solar… nos quedan abundantes muestras de esto, desde los fósiles denominados estromatolitos (acumulaciones de óxido con aspecto de boñigas de vaca que aún hoy siguen formándose en los mares) a grandes yacimientos de minerales.

Y de repente, hace unos 610 millones de años, la expansión Ediacarense: aparecen restos fósiles extraños de organismos desconocidos, blandos (sólo conocemos sus huellas en el barro fino, sin rastros de estructuras internas) pero claramente pluricelulares. Ya fueran una rama totalmente exótica de la vida o formas primitivas de esponjas y gusanos, estos seres llenaron los mares en poquísimo tiempo. ¿Qué provocó este cambio, cuando la tranquilidad bacteriana había dominado los océanos los últimos dos mil y pico millones de años?

CriogénicoLa última teoría plantea lo siguiente: hace unos 750-650 millones de años hubo (varias) superglaciaciones que convirtieron a la Tierra en una gran bola de nieve y hielo. La vida subsistía bajo los mares helados junto a las chimeneas hidrotermales, pero la superficie era estéril, con una atmósfera tenue casi carente de oxígeno. Inmensos glaciares aplastaban y molían las montañas -igual que ahora- bajo la presión de los hielos.

Cuando llegó el calentamiento global, la fusión de estos glaciares derramó en los océanos enormes cantidades de sedimentos minerales: nutrientes, que provocaron una multiplicación de la vida capaz de utilizar estos elementos y luz solar para fabricar materia orgánica. Los mares se llenaron de algas, y esta abundancia de biomasa altamente nutritiva estimuló la aparición de animales complejos capaces de aprovecharla.

Este concepto no está sacado de la manga, sino que deriva del análisis de rocas sedimentarias de la Formación Wallara y otras (Johnny’s Creek, Areyonga, todas pertenecientes al Criogénico-Ediacarense del centro de Australia; unos 700 millones de años). Un equipo de científicos internacional de la Universidad Nacional en Canberra, la Universidad de Bremen y el Instituto Max Planck descubrió la presencia de picos de ciclopentanoperhidrofenantreno en la roca. La sustancia, conocida también como esterano, es la base de moléculas como los esteroides y el colesterol. Comparando la cantidad de estos marcadores orgánicos, llegaron a la conclusión de que en aquellas fechas hubo una auténtica explosión del plancton vegetal.

The rise of algae in Cryogenian oceans and the emergence of animals, en Nature

Visto en SINC.

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