Un curioso descubrimiento bajo el Templo de Quetzalcoatl en Teotihuacán (México): Una cámara subterránea llena de bolitas doradas, de utilidad desconocida. ¿Ofrendas religiosas? ¿Una especie de Fort Knox mesoamericano? ¿Huevos de la Serpiente Emplumada? ¿Base de datos alienígena?

Tlaloc2TCEl Proyecto Tlalocan, dirigido por Sergio Gómez Chávez del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México lleva algún tiempo explorando mediante vehículos robot: la serie Tlaloc -que además es el nombre del dios de la lluvia- los túneles que se extienden debajo del templo de la Serpiente Emplumada (Quetzalcoatl para los aztecas, Kukulcán para los mayas; un dios portador de la civilización especialmente querido por los aficionados a los extraterrestres). La presencia de un túnel a doce metros de profundidad era especialmente interesante porque bajo la Pirámide del Sol hay uno que conduce a una serie de cámaras cerradas. El problema que se encontraban los arqueólogos es que el túnel fue cegado con escombros por los teotihuacanos hace 1800 años, antes de abandonar la ciudad*.

camaraLa mejor forma de explorar estos sitios sin comprometer físicamente los restos (ni a los arqueólogos) resultó ser el uso de robots-sonda remotos, dotados de sistemas sensores y ruedas capaces de desplazarse por los estrechos resquicios llenos de barro y pedruscos. Ng Tze Chuen, creador del robot Djedi, que en 2010 exploró las conducciones de la Gran Pirámide de Keops, asesoró al equipo que diseñó el Tlaloc IITC: la unidad que actualmente ha llevado a cabo los descubrimientos.

esferasEl corredor subterráneo, de unos 120 metros, conduce a tres cámaras de al menos cinco metros de largo con paredes de adobe. Tras la prospección del robot y el georadar, se ha ido excavando -ya a la manera tradicional- el contenido de estas secciones, y en dos de ellas se hallaron las “ofrendas” (el término es un comodín arqueológico para decir no sabemos para qué diablos estaba esto aquí): esferas de cuatro a doce centímetros de arcilla cubiertas de jarosita desparramadas por el suelo. Hace falta un poco de imaginación; la imagen es decepcionante. La jarosita es pirita oxidada y las bolas están bastante disgregadas. La pirita, un sulfuro de hierro, era bastante apreciada por los pueblos mesoamericanos: presenta un aspecto metálico blanco-dorado, con lo que podemos imaginar el aspecto original de la sala con las paredes cubiertas de polvo de pirita y el suelo lleno de bolas doradas.

A saber qué exóticos rituales se llevaban a cabo en estos lugares; una suposición de los arqueólogos es que los teotihuacanos llegaron a la capa freática, donde la humedad rezuma, para recrear las condiciones del inframundo. Pero claro, podía ser cualquier otra cosa: hará falta excavar minuciosamente para encontrar alguna pista más. Además, todavía quedan 30 metros de túnel sin excavar en los cuales se supone que hay un desnivel (escaleras?) hacia abajo de tres o cuatro metros más. ¿Qué nos espera al final del pasillo?

Artículo en la web del INAH.

Visto en Gizmodo.

* La cultura que fundó Teotihuacán supuestamente en el 100 a.C. abandonó la ciudad hacia el 700 d.C. Los aztecas le dieron ese nombre (“Lugar donde fueron hechos los dioses“) cuando llegaron hacia el 1300 d.C. ; no se conoce su nombre original, ni el origen del pueblo que la construyó, ni su destino. La teoría actualmente en boga habla de un largo período de sequía que provocó el colapso de la ciudad. Su lengua, posiblemente de la familia nahuatl, es desconocida, y sus glifos indican un sistema de escritura similar al de los mayas, pero aún sin descifrar.

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