Una de las historias de enigmas arqueológicos que me impresionó más en su momento fue la que narra Jacques Bergier en su Libro de lo Inexplicable referente al “Pozo de la Media Luna”. Hace algún tiempo, recuperé cierta información sobre el supuesto suceso de los montes Tatra y tenía listo un post sobre el tema, pero ahora he descubierto otros hallazgos similares en Siberia que podrían estar relacionados, así que serán dos artículos.

El problema de todas estas historias rusas es que casi siempre son espectaculares, carecen totalmente de pruebas materiales y su ubicación geográfica es difusa (lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta la inmensidad de la tundra eurasiática y su relativamente escasa población). Normalmente se remontan a principio del siglo pasado, desde el episodio de Tunguska (mejor documentado) hasta acontecimientos anteriores a la disolución de la URSS. Pero los soviéticos tenían un especial interés por todas estas historias paranormales, las cuales además eran utilizadas como arma ideológica por sus servicios de propaganda; así que toda esta información es como poco dudosa.

El caso del Pozo de la Media Luna se remonta a la segunda guerra mundial, con lo cual es relativamente reciente. Supuestamente ocurrió en los bosques de la Eslovaquia ocupada por los nazis, cuando al refugiarse un grupo de la resistencia en una caverna, uno de ellos –Antonin Horak– descubrió una gigantesca estructura empotrada en la roca, de incalculable antigüedad y construida con material y propósito desconocidos. Dejo aquí una transcripción del relato tal como se publicó en la versión castellana del libro de Bergier (colección Otros Mundos de  Editorial Plaza y Janés) que recomiendo leer antes de seguir. Esta es, por otra parte, casi la única fuente de información que puede encontrarse sobre el asunto:

Pozo Media Luna.pdf

Esto que acabáis de leer se publicó como un extracto del diario personal del (ahora ciudadano americano) doctor Horak en el National Speleological Society Journal en 1965. Los propios checos no supieron de esta historia hasta 1994, que se publicó traducida en la revista Speleo. Bien, la historia es lo bastante realista como para parecer creíble en un principio: el señor Horak no pretendía beneficiarse del tema ni llamar la atención; tampoco sacaba conclusiones precipitadas del hallazgo, simplemente alentaba a explorar la región para dilucidar qué podía ser aquella anomalía. Y la descripción tampoco tiene rasgos espectaculares o fantásticos como inscripciones en lenguas desconocidas, tesoros o restos de alienígenas. Es el tipo de artefacto enigmático que despierta la imaginación, una especie de monolito de 2001 pero en negativo.

Pero como siempre digo, una historia con una sola fuente huele a timo. Y algunas cosas no cuadran: ¿alguien que se mete en una estrecha grieta haciendo espeleología casera con una lámpara se atreve a pegar varios tiros en el interior de una sala? Investigando más, algunos autores hacen referencia a más datos inconsistentes en la narración: el tamaño del batallón (en ese momento no había grandes batallones rebeldes en Eslovaquia), el calibre de cañón alemán (el ejército alemán no tenía cañones de 70 mm), el recibir órdenes de Košice (durante la Segunda Guerra Mundial Košice fue ocupada por las tropas fascistas de Hungría, así que obviamente nadie asentaría allí comandos guerrilleros eslovacos). Parecen detalles, pero si Horak realmente luchó en el Alzamiento Nacional Eslovaco como capitán, nunca cometería tales errores.

Por otra parte, un rastreo de los orígenes de este hombre resultan inconclusivos: no hay rastro en Europa de la existencia de Antonin Horak, sus estudios en el colegio, su educación superior, ni siquiera de las tumbas de sus familiares. Y ¿qué decir de las coordenadas que aporta? Sería fácil ir allí y comprobar el terreno. Pero los valores ofrecidos son tan imprecisos que de poco valen en una tierra montañosa y cubierta de bosques como son los montes Tatra.

En 1970, un equipo -interesado por la historia- en el que intervino el propio J. Allen Hynek contactó con Antonin, quien aportó alguna información más sobre el asunto, pero la situación en Checoslovaquia en aquella época no era la más adecuada para un equipo de exploración norteamericano y fue cancelada. Seis años más tarde, Horak falleció y con él cualquier posibilidad de saber más sobre el asunto… No son pocas las expediciones de espeleólogos que han buscado la fisura de entrada a la misteriosa formación esférica enterrada. El misterio sigue allí, inmaculado y sin equivalencia en los anales de la geología o los fenómenos extraños. Aunque tal vez… haya otros.

Como epílogo a esta parte, parece que el sobrino nieto de Antonin, James, es un ufólogo que se dedica a comentar sobre OVNIS, religión, New Age y además escribe poesías.

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