Las estrellas de mar son conocidas desde la antigüedad, lo cual no es raro ya que forman parte de la fauna costera en casi todo el mundo. Así que el descubrimiento en 2014 de la mecánica de su visión, sorprendentemente compleja, resulta fascinante. Nadie les había prestado atención.

Las estrellas, parte del philum Echinodermata que incluye a los erizos de mar, los lirios de mar y los pepinos de mar entre otros -todas ellas criaturas, ejem, marinas- a primera vista parecen seres simples, como las esponjas y las medusas. Sin embargo esa apariencia es engañosa: son criaturas fascinantes, de simetría pentarradiada adquirida (la larva es bilateral como nosotros, tiene izquierda y derecha y delate y detrás; pero el adulto tiene cinco direcciones equivalentes) muy antiguas y con algunas características casi extraterrestres. La estrella para comer expulsa su estómago y con él envuelve a la presa, digiriéndolo fuera; sus patas están dotadas de cientos de tentáculos hidráulicos (ambulacros) que les hacen moverse a la manera de los milpiés, aunque también tienen articulados los brazos; su ano está en la parte de arriba y la boca debajo. No es raro que Lovecraft las usara como modelo para la raza de los Primordiales, alienígenas antiquísimos del borde mismo del Universo conocido responsables en último término del origen de la raza humana.

A Lovecraft le hubiera encantado esta noticia. Para la anatomía de los Primordiales incorporó unos ojillos pedunculados en los extremos de los brazos; al menos sensorialmente estos seres compartían algo con nosotros, porque su arte escultórico era comprensible. Y es que los humanos somos básicamente visuales, y se nos hace difícil concebir un ser desarrollado que carezca de este sentido. La mayoría de los vertebrados superiores tienen ojos eficientes, y algunos invertebrados han desarrollado por su propio camino ojos muy complejos, como los pulpos o los insectos. Hasta las almejas tienen ojos a lo largo del labio de la concha, aunque son poco más que sensores de luminosidad.

Esto es lo que se pensaba de los ya conocidos ojos compuestos que casi todas las estrellas disponen en el extremo de sus brazos, que eran fotorreceptores simples; ni siquiera disponen de lentes, como los ojos de insecto. Pero este nuevo análisis, por parte de los doctores Anders Garm y Dan-Eric Nilsson de las universidades de Copenhague y Lunds, ha descubierto cosas interesantes.

Ojos de estrella de marLos ojos son paquetes de células fotosensibles dispuestos de tal forma que cubren 210º en horizontal y 170º en la vertical; esto da a la estrella una visión casi completa de los alrededores. Al no poseer lentes, la vista debe ser más bien mala, como si dijéramos una imagen de 200 píxeles de lado; dado que sólo tienen una proteína fotosensible, su mundo es monocromo. Tampoco demuestran respuesta rápida ante la luz, lo que los hace ineficientes para detectar el movimiento; claramente no valen para esquivar depredadores o capturar presas. Pero eso sí, para el mundo de la estrella -de presas lentas o inmóviles- es suficiente. Es como tener cinco consolas NeoGeo con visión omnidireccional. Posteriores experimentos demostraron que las estrellas ven aproximadamente unos cuatro metros de su entorno, utilizando esta información para mantenerse dentro de un territorio controlado y no perderse por zonas arenosas desnudas de alimento y refugio. Y no sólo eso: es probable que algunas especies más agresivas hayan desarrollado mejoras en sus equipos ópticos, ya que son capaces de perseguir presas que exigen mayor resolución de imagen y movimiento.

Visual navigation in starfish: first evidence for the use of vision and eyes in starfish, en Proceedings of the Royal Society

Visto en Science Sushi.