El blog de Fabrice Tarrin hace notar unas extrañas ausencias en imágenes clásicas de la bande dessinée belga:

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Hace muchos años, un dibujante de historietas belga, André Franquin, decidió dejar de dibujar la serie que llevaba manteniendo durante décadas: Spirou, propiedad de la editorial Dupuis. De hecho el personaje no era creación suya, aunque gran parte de los secundarios -Champignac, Seccotine, Zorglub, Zantafio- sí.

En una jugada extraña Franquin decidió llevarse los derechos de sólo una de sus criaturas: el Marsupilami, un animal singular procedente de Sudamérica que es a su vez McGuffin y Deux ex Machina en muchas aventuras de Spirou. Franquin estaba agobiado con las exigencias de Spirou y quería “aire fresco” en la forma de los cortos gags de Gastón Lagaffe y el Marsupilami; a la larga el resultado fue bastante desastroso y el pobre bicho amarillo pasó a manos de Marsu Productionsperteneciente a un hombre de negocios monegasco- en 1987 y de Disney en 1990. Disney hizo con él lo mismo que Hanna-Barbera con los Pitufos: destrozarlo desde dentro. André murió en 1997, alejado ya de toda su obra.

Por otro lado, las aventuras de Spirou y compañía siguieron con mayor o menor fortuna de manos de otros dibujantes, aunque jamás volverían a tener la calidad genial de los guiones y dibujos de Franquin, que a veces era apoyado por Peyo (Pitufos), Roba (Bill y Bolita), Greg (Aquiles Talón) y otros camaradas de la escuela de Marcinelle. Pero el personaje del marsupilami no podía volver, y aunque en ocasiones el fantasma amarillo asomaba entre las viñetas, la cuestión legal era inflexible.

Lo que nadie podía imaginar era que los recursos legales actuaran -como la maldición de los dioses clásicos- hacia atrás: no solamente negando la existencia futura sino también la pasada. Por lo visto Marsu Productions, en una jugada propia de los episodios más esperpénticos de la SGAE, ha pedido a Dupuis que se “retire” al marsupilami de todas las ilustraciones de Franquin anteriores a la cesión de derechos, en caso de que sean reutilizadas a partir de 2010. Ilustraciones de las que Dupuis tiene, por supuesto, los derechos legales. Así pues, la cubierta que aparece arriba de este post no es una inocentada, sino la triste realidad: revisionismo histórico, destrucción de la realidad, todo por el euro. Ya aparecen artículos de cachondeo sobre el tema, pero la cosa es seria: lo que los francófonos llaman la “rodwellisation du Marsupilami” (en referencia a Fanny Rodwell, heredera de Hergé y actual propietaria/explotadora de los derechos de autor de Tintín bajo la marca comercial Moulinsart, que suele dedicarse especialmente a masacrar cualquier referencia a sus personajes que no haya pasado por caja, incluso siendo bienintencionada).