Parece que no somos los únicos a los que la vista engaña; otros primates también son capaces de ver una cara en un enchufe o una mancha de humedad.

Más de una vez hemos hablado por aquí de las pareidolias, esa combinación de una forma sugerente (en una nube, en la pintura, o cualquier estructura de elementos más o menos complejos visualmente) y la capacidad adquirida por nuestro cerebro de reconocer patrones e interpretarlos como objetos conocidos, principalmente caras. Se ha sugerido que la función original de este mecanismo era reconocer depredadores entre las complejas texturas de un bosque; la parte menos camuflable y más peligrosa de un depredador suele ser la cara, con ojos y boca.

Por lo tanto, no resulta raro el resultado del estudio dirigido por Jessica Taubert para el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos en Maryland. Taubert y sus colegas entrenaron a cinco monos rhesus para que observaran pares de fotos. Cada foto mostraba un objeto inanimado que provoca pareidolia en los seres humanos, un objeto equivalente que no, o la cara de un mono de verdad.

pareidolias monos

La muestra fue extensa -se le enseñaron a los monos 1980 combinaciones de pares de fotos- y se analizó el tiempo que se tomaban en mirar la foto; se daba por hecho que los sujetos mirarían con más atención una cara que un objeto aleatorio (a no ser que fuera una banana :)) y así fue. Con un detalle: miraban más atentamente las pareidolias que las caras de otros monos, tal vez por una cierta reluctancia a mirar fijamente la cara de un congénere. Eso indica que también se dan cuenta de que no son realmente caras.

Tampoco es raro que la mayor atención visual se centrara en los ojos y las bocas. Parece que el Smiley es la unidad básica de identificación visual, y también los puntos clave para detectar emociones o comportamientos en el sujeto observado -un factor fundamental para la comunicación no verbal y la consolidación de un grupo social.

Face Pareidolia in the Rhesus Monkey, en Current Biology

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