(continuará…)

Esto ya tiene la estrategia de Scheherezade: enganchar una historia con otra. Prometo que no hay mucho más.

El lugar resultó ser un lago llamado Embalse de la Cuerda del Pozo (el link lleva al pueblo más cercano, el lago está a la izquierda) y el bosque de pinos en algunos tramos quedaba sumergido por la extensión de agua. Resultaba bastante surrealista, por no hablar del maldito rebaño de toros.

Y, ¿qué estaba haciendo la vaca?

El animalito se lamía los intersticios entre las ubres y los muslos -los sobacos traseros digamos- con una destreza y un equilibrio más propios de un gato que de una bestia de 700 kilos. Igual es que llevaba una de esas pulseras de plástico con hologramas.