Estos días estoy un poco vago en cuanto a lectura, así que después de terminar Tom O’Bedlam (de Robert Silverberg) y un trocito de Fulcanelli que tenía por ahí, me puse a escarbar en busca de algo ligero. Y di con Lucky Starr, Ranger del Espacio de Paul French.

Lucky StarrEsta novelita fue escrita por bajo seudónimo nada menos que por Isaac Asimov a principios de los ’50, justo cuando decidió hacerse escritor full-time. Estaba en la treintena y acababa de doctorarse en Bioquímica. El relato, por muy mercantil que fuera, es malo; una prosa floja y sin pulir llena de aquellas frases de la CF de revistas pulp que tenían que acentuar el punto tecnológico de cada escena, tipo:

Su mirada se dirigió inmediatamente al reloj eléctrico de pulsos de cuarzo que llevaba en la muñeca, pero la lámpara de fotodiodos de la habitación no llegaba a iluminar la tenue pantalla de cristales líquidos del dispositivo; por lo que se giró hacia el microcomputador de telecomunicaciones que estaba en la mesilla de noche, activando con una orden verbal  la infra-IA que le indicó la hora. (Esto no es de Asimov, soy yo intentando ver el reloj anoche)

El personaje es tan perfecto física y mentalmente que resulta desagradable; si la novela la hubiera firmado Thea Von Harbou (Metropolis) seguro que se le achacaría la exaltación de übermensch ario… pero David Starr (nombre con doble sentido?) un joven licenciado del Consejo Científico que adquiere una máscara supertecnológica a través de ciertos seres que no revelaré, parece destinado a una saga comercial. Creo que Asimov escribió seis libros más del personaje.

Starman's QuestEste fue mi segundo Asimov, porque lo leí por primera vez hace mucho tiempo; el primero, Yo, robot (1950) lo superaba en narrativa y originalidad en gran medida. De todas formas, por comparar, mi primera gran novela de CF fue -y volvemos al principio del artículo- Obsesión Espacial (Starman’s Quest, 1958) de un jovencísimo Robert Silverberg que con diecinueve años escribió esta historia sobre el descubrimiento del motor de hiperimpulso, un drama familiar con dos gemelos que se separan por culpa de la distorsión temporal en los viajes subluz, un tecnochorizo de buen corazón y mucha aventura. Todos empezaron así, escribiendo historias de “cadetes del espacio” para los jóvenes y no tan jóvenes de aquella época que creían que en el siglo XXI ya estaríamos rumbo a las estrellas.

Sin embargo, la relectura de Starr me sorprendió por algunas cosas que no sabía (nadie sabía) cuando la leí por primera vez.

Esta es la introducción que hizo Asimov mucho después, en la reedición de 1970 (las negritas son mías):

Este libro fue publicado por primera vez en 1952, y la descripción de la superficie de Marte y de su atmósfera estaba acorde con los conocimientos astronómicos de la época. Sin embargo, a partir de 1952 la investigación astronómica sobre el sistema solar ha avanzado mucho, gracias a la utilización del radar y de los cohetes espaciales. El día 28 de noviembre de 1964 la sonda espacial denominada «Mariner IV» inició su trayectoria hacia Marte. El día 15 de julio del año 1965 la sonda estuvo situada a una distancia apenas por debajo de los 12.000 Km.; recogió así datos, obtuvo fotografías y las radió hacia la Tierra.
Se ha sabido de este modo que la atmósfera marciana tiene tan sólo un décimo de la densidad que los astrónomos le adjudicaban. A esto se agregaba que las fotografías han mostrado una superficie marciana sembrada de cráteres, similar en parte a la. superficie lunar. Por otra parte, no se han advertido señales claras de la existencia de canales.
Tiempo después, otras sondas enviadas en dirección a Marte han indicado que la cantidad de agua existente en el planeta es menor de la que se había creído y que los casquetes de hielo, visibles desde la Tierra, son en rigor bióxido de carbono congelado y no agua congelada. Todo esto significa que la vida en Marte —cualquiera que sea la forma que asuma— está muy lejos de existir en la actualidad o de haber existido en época pasada, aunque los astrónomos hubieran pensado lo contrario hasta 1952.
De todas maneras, espero que los lectores disfruten de este relato, pero no querría inducirlos al error de aceptar como verdaderos algunos datos que se estimaron «exactos» hasta 1952, pero que hoy resultan ya anticuados.

Sería bonito que el buen doctor Asimov pudiese ver los datos actuales sobre Marte, que no son ni tan buenos como en época de Edgar Rice Burroughs o H.G.Wells, ni tan malos como se extrapolaba de los datos de la Mariner. Y otra frase estupenda de la novela es:

—Sólo que la agricultura de la Tierra no puede alimentar a cinco mil millones de personas.
—Así es, exactamente. No podemos pasar sin la comida de los planetas coloniales. En seis semanas habría hambre en la Tierra.

No me cabe duda de que el futuro es, como decía el Canciller Gorkon, “Aquel país desconocido”.

Comparte!