Parece que los chinos han resucitado el horror psicológico de los maniquíes de sastrería.

Maniquí chino

Mis recuerdos de antiguas tiendas de mercería y sastrería, atestadas de artículos en pasillos laberínticos y oscuros en los cuales acechaban torsos y cabezas de siniestra mirada… había una especialmente horrible, un cuerpo sin brazos ni piernas recubierto de yeso desportillado con ojos de cristal y un eterno rictus que intentaba ser una sonrisa. Mi idea en aquellos jóvenes años era que algún día uno de los huecos del yeso dejaría al descubierto el cadáver putrefacto de una víctima de asesinato, encastrado en la escayola y sumido en la penumbra. (Cuando tienes menos de diez años, estos pensamientos son bastante comunes).

Los maniquíes y las marionetas de ventrílocuo, cuando están bien hechos -y cuando digo “bien” me refiero a “perversamente bien”- no tienen nada que envidiar a los payasos en cuanto a terror visceral.

Y hablando de terror, dejo aquí esta imagen de un maniquí de los años veinte diseñado por Pierre Imans, un especialista muy afamado la época, y que a mí me parece un cruce entre H. P. Lovecraft y Mr Spock:

Maniquí de Pierre Imans

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