Cuando pensamos en las fuentes para cuentos infantiles inmediatamente nos vienen a la mente las recopilaciones de relatos tradicionales centroeuropeos de los hermanos Grimm. Es cierto que hay muchos otros aportes a la narrativa: Andersen, Perrault,  las fábulas de Esopo, Iriarte y Samaniego, los cuentos populares rusos de Afanásiev,  los cuentos de Mamá Oca… pero las historias de Grimm tienen algo que las graba a fuego en la memoria.

Los hermanos Jacob y Wilhelm recopilaron en la primera mitad del siglo XIX todo tipo de narraciones populares de Alemania central y Francia, publicando un total de 210 Cuentos para la infancia y el hogar (nombre con que fueron editados).

Sobre la misma época, un historiador bávaro, Franz Xaver von Schönwerth, se dedicaba a lo mismo por toda la región del Oberpfalz: durante décadas recogió tradiciones verbales de los campesinos, mitos, folklore y tradiciones. Ahora se han descubierto en un archivo en Regensburg más de 500 relatos de Schönwerth, muchos desconocidos, así como versiones de Cenicienta, Rumpelstiltskin y otros. Hay que indicar que este autor, a diferencia de los Grimm, era más documental y no intentó dar un barniz literario a las recopilaciones. Esto lo hace tal vez más interesante a nivel etnográfico.

Lee uno de los cuentos, “La Princesa Nabo” en el Guardian.co.uk.

De postre, una versión inusual de Caperucita. No todo ha de ser terror gore y alusiones sexuales ocultas.

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