El sueño es un proceso común a todas las criaturas con sistema nervioso central, ya sean piojos, delfines o monos (aunque algunos dormimos más que otros). Su función ha sido discutida por los biólogos durante centurias, y cada vez se le añaden pequeños detalles extra: descanso, recuperación de daños y crecimiento de tejidos, eliminación de toxinas del cerebro, formatear la caché de memoria… todo esto hace que hasta las fisiologías más avanzadas necesiten dormir para mantener su efectividad al máximo.

Parece que a nadie se le había ocurrido que criaturas absolutamente elementales en la escala de complejidad animal, como esponjas o celenterados, tuvieran necesidad de esto. Sería como pasarle un antivirus a una plancha eléctrica, ¿no? Es decir, con tan poca complejidad nerviosa, ¿qué necesidad hay?

Una medusa, por ejemplo, tiene una red radial de neuronas muy sencilla. Estas neuronas se pueden dividir en tres sistemas: el ropalium (que controla los fotorreceptores, los sensores de gravedad y el generador de pulsos para nadar) el sistema neuromotriz en sí, que controla los músculos de natación, y una red difusa de neuronas cuya función se supone que es la respuesta (táctil?) a estímulos externos y coordinación general.

Pero observaciones realizadas sobre al menos un género de medusas, Cassiopea -conocidas como medusas invertidas por sus peculiares costumbres*- han revelado que estos animales no solamente reducen su actividad por la noche sino que, si se las importuna constantemente impidiéndoles descansar, se vuelven torpes y distraídas. En concreto, un grupo de Cassiopeas sometida a chorros de agua fría cada veinte minutos durante toda la noche daban una respuesta un 17% más lenta a los estímulos externos. (Es de suponer que por la mañana les darían un café y bollos, o algo, porque el experimento es bastante cruel).

Hay que diferenciar el descanso a secas (por ejemplo, las plantas no tienen un sistema nervioso equivalente al nuestro y también descansan por la noche) y el sueño animal, que tiene algunos factores comunes: la melatonina, una hormona que segregan humanos y también medusas, provoca el sueño a ambos; también está presente la pirilamina, que causa modorra. Puede ser que el mecanismo evolutivo que nos controla a ambos se remonte a los mismos orígenes del reino animal, siendo tan fundamental como, digamos, el sexo. Puede que más, dada su antigüedad.  No hay por qué sentirse culpable si lo que más atrae de una cama es quedarse frito; son las prioridades de la biología.

The Jellyfish Cassiopea Exhibits a Sleep-like State, en CalTech

* suelen nadar boca arriba y acostarse en el fondo del mar sobre su dorso, con los tentáculos hacia arriba.

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