Mi moldavita!Un bonito objeto que me recuerda un post reciente

Hace unos 15 millones de años, el fragmento de un cuerpo celeste se estrelló contra la Tierra, más concretamente en las lujuriosas florestas tropicales miocenas que algún día serían Alemania. Tras rebotar en una sin duda salvaje explosión de fragmentos rocosos alienígenas y monos asados, parte de la ejecta cayó en un lugar que con el tiempo se conocería como Bohemia-Moravia.

Estos fragmentos, piezas de vidrio meteórico compuestas en parte por material extraterrestre y en parte por silicatos de aquí, son denominados genéricamente tectitas; pero los restos del impacto alemán, muy característicos, se llaman moldavita (no por Moldavia-Valaquia, sino por el río Moldava o Vltava en la República Checa). Acabo de obtener un hermoso ejemplar de 49 kilates y aprovecho para ponerlo por aquí. Aunque la mayor parte de estas piezas tienen la textura propia del vidrio volcánico (lisa y cuajada de microcráteres) las moldavitas tienen una superficie compleja, irrigada de canalillos, casi vegetal. Su color verde botella, translúcido, no tiene la belleza de la esmeralda o la crisoprasa; es frágil al ser un vidrio y no un cristal debidamente estructurado. Pero tiene el encanto de lo desconocido, del que carecen minerales más vulgares y abundantes como el diamante. Alguien dijo que hay muchas minas de diamantes, y muchas más se forman continuamente en las fosas magmáticas de la Tierra; pero cuando se acaben las moldavitas, no habrá ni una sola más: unas 270 toneladas en todo el Universo.