La señal WOW, una emisión de radio de gran potencia recibida en 1977 por el radiotelescopio Big Ear, es uno de esos misterios compartidos por la ciencia y los seguidores de lo que podríamos llamar paraciencia o ciencia límite (incluyendo la ufología). El hecho está ahí, está documentado convenientemente. Sólo varía la explicación: para unos sería un rebote de una señal terrestre o de un satélite, o en todo caso algún fenómeno cósmico de increíble potencia; para otros, cabría añadir la posibilidad de una señal de contacto de una tecnología extraterrestre.

Lo que hacía atractiva a WOW para la hipótesis extraterrestre era que venía en la frecuencia del hidrógeno neutro (1420,4056 MHz) que es el elemento más común del Universo, y la onda portadora era CW, la más eficaz para atravesar grandes distancias sin pérdida. Si alguien decidiera generar una señal para llamar la atención de otras civilizaciones, usaría algo así*.

El gran problema en estos casos es que no son fenómenos aptos para experimentación: aunque otros radiotelescopios barrieron el cielo en dirección a Sagitario, de donde vino WOW, nunca pudo obtenerse una repetición del pulso.

Hace tiempo comentamos aquí la hipótesis de Antonio Paris al respecto, señalando como “culpables” de la señal a las nubes de hidrógeno cometarias: en concreto de dos que pasaron por aquella zona del cielo en 1977, el 266/7 Christensen y el P/2008 Y2 Gibbs. Este año se cumplen 4 décadas de la recepción de WOW y también se repetiría el paso del Christensen: era el momento de repetir el experimento y ver si las lecturas coincidían. El caso es que sí, y así se publicó en los medios: el enigma WOW estaba resuelto.

Pero… parece ser que el trabajo de Paris adolece del tipo de fallos que se le achacan a los paracientíficos frecuentemente. Una pobre descripción del equipo, fallos en la previsión de errores (por ejemplo, el apantallamiento contra otras fuentes de emisión) el hecho de que las colas de hidrógeno cometarias por sí solas no producen emisiones de radio de tal potencia, y que la señal detectada ahora difiere en ancho de banda e intensidad de la WOW. Aparte del delicado tema que, según las efemérides de la NASA, en 1977 el Christensen no estaba ni cerca de esa posición. Y ya hilando más fino, la entidad que publica (Washington Academy of Sciences) no parece tener mucha reputación, al menos en temas de astrofísica.

Resultado: para muchos astrónomos, como Chris Lintott (profesor de astrofísica en Oxford, que ha planteado una serie de preguntas a Paris al respecto de esta publicación) la hipótesis del hidrógeno cometario es más bien floja. Así que WOW seguirá dando guerra hasta que demos con la explicación correcta…

Hydrogen Clouds from Comets 266/P Christensen and P/2008 Y2 (Gibbs) are Candidates for the Source of the 1977 “WOW” Signal, de Paris y Davies, en Planetary Science (2015)

… y la publicación de junio de 2017 con sus conclusiones: HYDROGEN LINE OBSERVATIONS OF COMETARY SPECTRA AT 1420 MHZ

  • …o no. O el cielo está repleto de transmisiones extraterrestres en señal subespacial u otra tecnología fundamental que aún no conocemos, y los terrícolas seguimos buscando señales de humo como catetos espaciales que somos.