fry-mummy

Cuando estaba en 5º de Primaria, nos tocó hacer un trabajo sobre Egipto a un grupo de compañeros del colegio. Cada uno tenía una tarea específica, y creo que fue Gonzalo -un pelirrojo pecoso- quien tuvo que acercarse a la embajada egipcia a pedir folletos y cosas. Luego nos contó algo que era casi un secreto de estado: el faraón Tutankhamón en realidad se llamaba Tutanjamón, pero para evitar las burlas y los chistes fáciles el nombre fue modificado por las autoridades del Departamento de Antigüedades.

Obviamente nos reímos cruelmente de él; a los diez años ya no se engaña a uno con esas trolas*. Pero… por lo visto no sería raro encontrarse con jamones y chorizos vendados en alguna polvorienta tumba del Valle de los Reyes.

Las creencias específicas de los habitantes del antiguo Egipto implican la existencia de un Más Allá bastante similar a la vida terrenal, en el cual los difuntos, con el mismo aspecto corpóreo que en este lado de la muerte, realizan sus tareas y sus actos fisiológicos con normalidad. Esto ocurría en el Duat, el mundo de Occidente (equivalente a un Cielo inferior, más o menos; aunque la religión egipcia es compleja, sincrética y llena de capas de interpretación distintas).

“Dispongo lo preciso para habitar en tus campos, Hotep, en tu (campiña) bienamada, Señora de la brisa. En ella dilato mi espíritu y soy fuerte, en ella como y bebo, en ella trabajo y siego, en ella hago el amor; mis encantamientos son en tu campiña poderosos. No se me hacen reproches ni (tengo) preocupaciones y mi corazón es allí feliz.”

Asimismo, el hombre dispone de varias almas, sutilmente diferentes de lo que nosotros interpretamos como alma o espíritu: Ren, Ib, Ba, Ka, Sheut, Sahu, Aj, Sekhem. Entre estas el Ka –diríamos la Fuerza vital- permanecía rondando la tumba tras la muerte, y se alimentaba de las ofrendas allí depositadas**. Por ello era importante disponer de comida y bebida adecuada, así como de herramientas, joyas, vestidos, mascotas, maquetas de edificios, esclavos (en forma de estatuillas ushebti que representan a otra de las almas: Sheut, la Sombra). Esto hace a las tumbas egipcias tan interesantes, ya que son una muestra de la vida común en el período.

costillita… Y momias de filetes.

Las ofrendas de carne, como paletillas, filetes o solomillos se momificaban generalmente con sal igual que se hace actualmente con los jamones serranos; esto ofrecía una durabilidad que la vianda fresca jamás tendría bajo el cálido clima egipcio. Análisis químicos han demostrado que también se untaban los chuletones con resina de alfóncigo o pistachero, aceites y a veces con cera de abejas. Estas sustancias son más raras que las que se usaban generalmente para momificar cadáveres y tal vez tenía algún sentido ritual (o culinario). Luego se vendaban convenientemente y se estuchaban en sarcófagos tupperware como este que vemos a la derecha.

 

Organic chemistry of balms used in the preparation of pharaonic meat mummies, en PNAS.

 

* Tut se llamaba realmente Tut-anj-Amon, Tut-mesut, Nefer-hepu-segereh-taui, Wetches-jau-sehotep-neteru, Neb-jeperu-ra (Viva imagen de Amón, Toro fuerte de nacimiento perfecto, El buen Regente, que pacifica las Dos Tierras, El que porta las Coronas y satisface a los Dioses, Todas las transformaciones de Ra) y aunque los escribas solían poner Amon-tut-anj -por respeto al nombre divino del dios Amón- en el fondo Gonzalo tenía razón.

** Claro que no materialmente, sino de su kau o fuerza vital específica.

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