Sigo con la lista de Maravillas de lo Desconocido que no son lo que parecen.

Los artefactos de este grupo están emparentados con el de “mentiras de verano” pero tienen un fin algo más siniestro que entretener: han sido utilizados -y siguen siéndolo- como pruebas empíricas que deniegan teorías científicas molestas. En la mayor parte de los casos, por dejarlo claro, se trata de argumentos creacionistas para invalidar la actualmente validada cronología geológica. Allá vamos…

El Pilar de Ashoka

Una columna de hierro inoxidable de siete metros de altura, fabricada en la India durante el reinado del Emperador Ashoka, testimonia con su superficie inalterada la existencia de conocimientos tecnológicos hoy olvidados: ¡tiene 4.000 años de antigüedad!

El emperador Aṣoka Vardhana (c 273-232 a.C. – atención a las fechas) no es responsable de erigir este pilar en concreto, aunque tiene muchos otros coronados por el leoncito cuádruple que aparece en el escudo hindú. El pilar de hierro fue fundido en época del rey Handragupta II Vikramaditya hacia el 400 de nuestra era: de todas formas, 1.600 años es mucho tiempo para un hierro expuesto a la intemperie. Los análisis químicos muestran un hierro muy puro, casi ausente de manganeso y azufre; la capa exterior ha creado una pátina similar a la que provocan las pinturas antióxido, protegiendo el interior. Un ejemplo notable de metalurgia, pero nada más que eso.

Conclusión: Protección natural.

El Eiserne Mann

Una tosca columna de hierro de sección cuadrada y 1,20m de altura en el Parque Nacional de Kottenforst, Alemania, sin marcas de ningún tipo y antigüedad desconocida. Su superficie se mantiene intacta desde hace siglos pese a estar expuesta a la intemperie.

El Hombre de Hierro fue citado por primera vez en un documento que data de 1625 como punto divisorio entre Alfter y Heimerzheim, para demarcar la zona boscosa de los territorios aldeanos. Se supone obra de una metalurgia del siglo XIII, aunque no hay pruebas reales; en unas crónicas del S. XVII se alude a su origen romano, pero esto tampoco está probado. Tampoco está clara su utilidad original: asociado en algunos documentos a un acueducto, su uso popular ha sido como demarcación de lindes, para lo que fue trasladado varias veces. La pieza asoma 1,20m del suelo, aunque por debajo prosigue otro metro hasta una barra perpendicular de un metro, lo que le da forma de T invertida. Aunque la composición mayoritaria del Eiserne Mann es el hierro, análisis mas detallados revelaron pequeñas proporciones de carbón, sulfuro, fósforo, silicio y manganeso; puede verse la pátina negruzca que protege de la oxidación al resto de la pieza. Realmente, no hacen falta civilizaciones avanzadas para esto.

Conclusión: Metalurgia medieval.

Las Huellas de Paluxy River

En los estratos cretácicos de la cuenca del río Paluxy (Texas) el barro original de hace 120 millones de años recogió gran cantidad de huellas de vertebrados que deambulaban por sus orillas. Entre ellas se encuentran pistas claramente dejadas por pies humanos, lado a lado con pisadas tridáctilas de dinosaurios.

Los yacimientos del río Paluxy son un ejemplo excepcional de icnitas o huellas fósiles. Desde los años ’30, en que los fósiles se arrancaban y vendían, vinieron descubriéndose las pistas humanas que a primera vista (ver foto) impresionan bastante. Pero, como suele pasar, los detalles decepcionan bastante. Para empezar, el tamaño de las huellas es bastante mayor que el de un pie humano. Esto ocurre incluso con las falsificaciones vendidas más tarde por los lugareños, que se diferencian de las auténticas porque tienen marcas de talones y dedos, es decir, estructuras claramente humanas. Las huellas fósiles son profundas, tanto como las de los otros dinosaurios, y por tanto no guardan ningún detalle de la extremidad que las imprimió. Así que tenemos la marca de algo bípedo, de pies alargados de 60cm. de largo con zancadas de un metro y que pesaba como un dinosaurio mediano. Cuando sabemos que hay huellas muy similares cerca que conservan  marcas de tres dedos en el extremo, la cosa queda bastante clara.

En cuanto a las otras huellas, las que se vendían como souvenir a los visitantes, basta con ver la foto. Incluso los propios grupos creacionistas admiten hoy que estas huellas del Paluxy eran un hoax.

Conclusión: Dinosaurios, barro blandito y timadores.

El Martillo de Tejas

En junio de 1936, una pareja de excursionistas -Max y Emma Hahn- paseaban por Red Creek, cerca de London (Texas) cuando divisaron un nódulo rocoso del cual asomaba un palo. Diez años más tarde (!), su hijo George partió el nódulo, revelándose en su interior un bloque de hierro asociado al palo a la manera de un martillo. Los estratos de Red Creek pertenecen a la formación Hensell del Cretácico, hace unos cien millones de años.

El martillo es claramente un modelo de minero del siglo XIX. El problema es que no se puede asignar un nódulo a una formación geológica concreta simplemente porque estaba en el suelo: de hecho, los sedimentos arrastrados a la cañada por la erosión pueden haberse endurecido en torno a un martillo viejo con la consistencia de una roca blanda. ¿La mejor prueba? El mango no está fosilizado. El enigma: ¿Quién recogería una piedra con un palo empotrado y la guardaría diez años en su casa?

Conclusión: viejo, pero no tanto.

La Sandalia de Meister

Un buscador de fósiles de Utah encontró en 1968 en Antelope Springs este fósil que contiene dos ejemplares enrollados de Elrathia kingi, un trilobite del Cámbrico (hace 500 millones de años). Los dos animales están dentro de la huella de una sandalia, de la cual pueden distinguirse el tacón y las costuras de la suela.

Este es uno de los más intrigantes OOPArts y tal vez el que más me llamó la atención de pequeño por lo extremo de su planteamiento. Es pura poesía: uno de los primeros animales terrestres pisoteado por el más moderno, dejando margen amplísimo para la imaginación.

Lamentablemente ahí se queda todo. Los trilobites sí son auténticos, pero… para empezar, las referencias a las “costuras” provienen de otra icnita (sin trilobites) que se parece más bien a un casco de caballo. El “tacón” es una fisura escalonada en el sedimento, que incluso atraviesa la roca más allá de la marca elipsoide que se supone es la “huella”. El problema es que la huella no está en el plano de sedimentación, es decir, que el barro original no estaba horizontal cuando los trilobites se depositaron. Tampoco hay diferencias de presión en la superficie ni los trilobites se ven rotos por el supuesto peso. La huella pues, no es una estampación sino un artefacto sedimentario que casualmente toma forma de lengüita de gato, rebanada de berenjena o suela de sandalia. Por otra parte, Elrathia es un trilobite carroñero de la parte más profunda de la plataforma continental; si esto fuese una huella humana, más le valdría llevar un traje presurizado antes que unas sandalias.

Conclusión: Artefacto de sedimentación.

Comparte!