Restos de las formas de vida más antiguas detectadas hasta ahora acaban de descubrirse en unas rocas de arenisca del Arqueano en la formación Strelley Pool (Australia). No son nada impresionante de ver: microestructuras asociadas a cristales de pirita diminutos, cuyas características son claramente biológicas. Células huecas, tubulares, dispuestas en cadenas o grupos cuyo aspecto podría pasar por simples artefactos geológicos, grumos de carbonatos o sílice. El análisis microscópico y química demuestra sin embargo que corresponden a estructuras biológicas y otra cosa más: que son la causa directa de la precipitación de los granos de pirita.

Hace tres mil quinientos millones de años, la Tierra era un planeta aún caliente cuya atmósfera consistía en metano y vapor de agua; la tierra firme era un erial de roca muerta, y los océanos tibios subían y bajaban salvajemente al ritmo mareal de una Luna mucho más cercana que llenaba el cielo como en una película de Spielberg. El oxígeno era escaso en el agua y nulo en el aire, no existían animales ni plantas y en las primeras playas del mundo -donde la erosión de las mareas había molido la roca virgen en forma de fina arena silícea- en esas aguas someras, entre los granos de arena, estas bacterias arqueanas sobrevivían procesando metano y compuestos sulfurosos para obtener energía. Un método bastante ineficiente comparado con la fotosíntesis o comerse un filete con patatas, pero en aquellos tiempos y durante muchos millones de años era lo que había.

Visto en Nature Geoscience.