archivado como: paleontología
por ObiWan
el 2 mayo, 2012
a las 5:16 pm
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El Ordovícico, 450 millones de años atrás. La vida existía en el agua solamente y los niveles de oxígeno eran bajos. La mayor parte de las criaturas eran del tamaño de un dedo y la forma de vida dominante eran los trilobites, nautiloideos y braquiópodos que nadaban entre corales y esponjas y en ocasiones se asomaban un ratito a tierra firme.

Ya puestos en escena, veamos el nuevo fósil que ha encontrado una asociación de geólogos aficionados en Cincinnati, que en aquellos tiempos era un mar somero.  Godzillus (nombre provisional) es una cosa de aspecto primigenio, que más parece corresponder al Precámbrico de Ediacara que a esta época: una superficie sin órganos o miembros visibles, cubierta de una textura similar a un cactus con costillas horizontales. El fósil fragmentario que se ha podido reconstituir, incompleto, mide metro noventa de largo por casi un metro de ancho.

Sin duda es biológico” comenta David Meyer, paleontólogo de la Universidad de Cincinnati. Pero ¿animal o vegetal? ¿Qué reino o filo dio origen a este fósil? Todo son especulaciones. Meyer imagina al organismo como una gran esponja o coral blando, asentado en el fondo y alzándose varios metros hacia arriba. El hecho de carecer de huesos o caparazón explicaría la falta de otros fósiles; en este caso pudo conservarse al yacer en un fondo con escaso oxígeno y sedimentos finos. La referencia a Godzilla -además de por el tamaño- alude a la posibilidad de que se trate de un superviviente de uno de esos organismos misteriosos que poblaron la Tierra sólo cincuenta millones de años antes.

Noticia en la University of Cincinnati.
Visto en io9.


archivado como: tecnología
por ObiWan
el 24 abril, 2012
a las 5:15 pm
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Esto sí que parece un artefacto alienígena: es una especie de globo (las superficies son en realidad compartimentos llenos de helio y sostenidos por ligeros bastidores de fibra de carbono, con lo que la estructura es aerostática) que se mueve no con el movimiento de aspas o aletas, sino dándose la vuelta del revés. Lo ha desarrollado la compañía alemana Festo y se ha presentado en la Feria de Hannover.

Visto en New Scientist.


archivado como: espacio
por ObiWan
el 23 abril, 2012
a las 12:10 am
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Hace tiempo me regalaron un libro de Isaac Asimov, Las Amenazas de Nuestro Mundo, en el que se explicaban variadas formas en que la Tierra podía acabar; desde la más remota pero segura (la paralización de todo movimiento y la descomposición de las partículas elementales de la materia dentro de tropecientos millones de años) a la más cercana e improbable (vulcanismo, meteoritos, guerra nuclear global: el año es 1980). El libro mantuvo un rincón de mi mente aterrado durante mucho tiempo, pero lo cierto es que al Buen Doctor -de quien por cierto se cumplen este mes veinte años de su muerte- le hubiese gustado añadir unas cuantas catástrofes galácticas nuevas que ahora empezamos a suponer.

En 1980 se empezaba a hablar de los agujeros negros, por ejemplo, pero no era del dominio público que nuestra propia Vía Láctea contenía uno supermasivo en su centro, Sagitario-A. Claro que ahora estos embudos gravitatorios son algo más doméstico y normal en el Universo, y dan menos miedo. Luego están las cuerdas cósmicas: residuos del Big Bang larguísimos, hiperdensos y prácticamente unidimensionales (su grosor sería 100.000.000.000.000.000 veces más pequeño que el de un protón). Si uno de estos filamentos pasase a través de la Tierra podría traspasarla sin tocar un solo átomo dada su delgadez, pero arrasaría el sistema solar con sus perturbaciones gravitatorias.

Por supuesto las novas, púlsares y quásares eran bien conocidos, pero nadie imaginaba que ahora mismo hay más de doscientos agujeros negros detectados por el WISE de la NASA apuntándonos con sus chorros relativistas o blazars, emitiendo radiación gamma casi a la velocidad de la luz. Afortunadamente están bastante lejos.

Y la nueva amenaza está relacionada con las novas, o más bien con las casi-novas. Cuando una estrella como el Sol explota al final de su ciclo de vida, escupe una nube de partículas y gas con un “superviento” cien millones de veces más potente que el viento solar. Los modelos clásicos predecían que este material se vaporizaría debido al calor; sin embargo los nuevos cálculos -que indican un mayor tamaño en los granos  y un “efecto espejo” que devolvería parte de la radiación recibida- describen gigantescas nubes de polvo expandiéndose a diez kilómetros por segundo que arrasan todo a su paso. Y recordemos que en el espacio no hay nada que frene a una partícula en movimiento. No puede estar uno tranquilo en ningún sitio…

Astronomers discover sandstorms in space, en Eurekalert.
Visto en io9.


archivado como: bichos
por ObiWan
el 21 abril, 2012
a las 9:35 pm
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palomaEs de conocimiento popular que las aves en general se orientan tan bien en vuelo porque de alguna forma “sienten” los campos magnéticos de la Tierra. No son los únicos animales dotados de magnetorrecepción: también lo tienen tortugas, abejas, hongos y bacterias, y hasta el hombre (presumiblemente). No tiene nada de místico, al fin y al cabo también percibimos el campo gravitatorio y su orientación, aunque dicho así suena a poderes extrasensoriales. Cierto es que el mecanismo aún no está muy bien definido, pero sin duda está asociado a acumulaciones de hierro. En el caso de las palomas (Columbia livia) estos sensores se atribuían a los paquetes de células ricas en magnetita que estas aves tienen en el pico superior.

Pero un reciente estudio publicado en Nature, dirigido por David A. Keays y un equipo de varios institutos,  parece concluir que esos paquetes ricos en hierro realmente no contienen magnetita y sí están asociados a macrófagos; es decir, forman parte del sistema inmune de las aves y de los mecanismos de homeostasis del hierro igual que nuestros hígados. ¡Así pues, seguimos sin tener claro el mecanismo de brújula de las palomas! Lo que hace más difícil probarlo aún es que las aves usan también el sol y las estrellas como métodos de orientación alternativos. Todo ello con el único fin de localizar nuestro coche y cagarse en el parabrisas.

Clusters of iron-rich cells in the upper beak of pigeons are macrophages not magnetosensitive neurons, en Nature


archivado como: paleontología
por ObiWan
el
a las 12:19 am
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El ser humano ha hecho bastante daño al ecosistema en estos últimos doscientos años. Personalmente no creo que dependa tanto de la espiritualidad de una cultura como de su volumen: somos demasiados, y la tecnología nos ha permitido imponernos a la naturaleza de una forma demasiado rápida.

Aún así, dudo que estemos destrozando el planeta, al menos de la manera que se suele creer -dejando detrás un planeta muerto y devastado. Lo estamos cambiando, y no somos los únicos: parte de las alteraciones que estamos viendo corresponden a ciclos habituales del planeta. Por ejemplo, la saturación de CO2 atmosférico (provocada por la combustión de madera, carbón y petróleo en nuestra civilización)  podría ocurrir naturalmente en eventos volcánicos de larga duración. Este gas está provocando, además del famoso efecto invernadero, la acidificación progresiva de los océanos: las consecuencias son, por ejemplo, que muchos animales de concha (básicamente carbonato de calcio) tienen problemas para fabricarlas.

Pero hubo un evento a la inversa en el pasado: la alcalinización de las aguas marinas en algún momento hace 550 millones de años, visible en todo el globo y cuya huella se denomina la Gran Disconformidad. ¿Qué provocó esto, y qué consecuencias pudo tener?


archivado como: ciencia
por ObiWan
el 20 abril, 2012
a las 7:49 pm
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No sólo las películas pueden ser un fracaso en taquilla, también los libros, aunque por temas de difusión sólo nos enteramos de los best-sellers mientras que el cine exhibe cruelmente sus fracasos tanto como sus triunfos.

La Historia de los Peces (De Historia Piscium) de John Ray y Francis Willughby (ilustrador) fue publicada por la Royal Society en 1686, una época en que estaban de moda los libros de ciencias naturales profusamente ilustrados. Contenía muchas hermosas láminas de peces exóticos en aguafuerte y acuarela, como esta Laviraia (Raja oxyrhynchus) (ver una ilustración coloreada con más detalle aquí) pero, por alguna razón, no se vendió nada bien.

Una edición de ese porte tiene sus gastos, y la Royal Society se quedó sin fondos. Tuvieron que pedir una subvención a Edmund Halley -sí, el astrónomo, que además era rico y contribuía con la sociedad- para poder imprimir el siguiente libro, los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de un tal Isaac Newton que por casualidad era amigo de Halley. ¿Enchufe? ¿Amiguismo? Sí. Pero en este caso para bien: los Principia se vendieron a seis chelines*, sin encuadernar ni nada, y la Ciencia cambió para siempre.

Catálogo de las láminas en la web de la Royal Society. (visto en New Science)

* Es difícil calcular la equivalencia, pero sería como pagar ahora unos cuarenta o cincuenta euros. Caro.


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