
Un buscador de fósiles ha encontrado en las areniscas rojas de la formación Wamsutta (Massachusetts, USA) el fósil más antiguo conocido de un insecto alado. Más o menos (de ahí las comillas).
En la foto de la izquierda (ampliable) se puede ver el ejemplar: realmente es una icnita, una huella de actividad orgánica y no un resto animal de verdad. Por lo visto el bicho (una especie de efímera o cachipolla bastante grande, de unos 36mm de largo) cayó en el barro, se sacudió un poco luchando contra el pegote y luego voló dejando la huella de su cuerpo y posibles rastros del batir de alas. Las efímeras no pueden plegar las alas en horizontal -son bastante primitivas- así que la deducción de que era un ser volador viene más bien del hecho de que no hay huellas alrededor de la impresión del cuerpo. Pero la icnología es una ciencia engañosa y de muchas inferencias, así que a este fósil ni siquiera se le puede dar un nombre. Hay una nomenclatura aproximativa, pero de momento se ha quedado como SEMC-F79.
La formación Wamsutta corresponde al Carbonífero tardío, cuando las alas nervadas básicas ya estaban plenamente desarrolladas y sólo quedaban algunos retoques en el diseño: de todas formas, hay fósiles del namuriense (320 m.a.) que ya prueban definitivamente la existencia de estos órganos. Porque originalmente, los insectos no tenían alas.
Si queréis ver un insecto realmente primitivo, buscad entre los libros: seguro que aparece algún pececito de plata. Es este bicho:

El Lepisma saccharina es un tisanóptero que pertenece al parataxón Apterygota o “insectos sin alas”, un grupo muy primitivo con más de 400 millones de años de antigüedad. No es como una pulga o una hormiga, que las han perdido por el camino; simplemente carece de los dos pares de apéndices de que disponen los insectos en su gran mayoría. Al verlo nos podemos hacer una idea de cómo eran los primitivos insectos que exploraron la tierra firme en el Devónico. Hacia el Carbonífero el cielo y la tierra estaban dominados por libélulas y cucarachas, y el reinado de los insectos estaba plenamente establecido. Pero ¿cuándo apareció el primer insecto con rudimentos de alas? y ¿qué aspecto tenía?. Son preguntas aún sin respuesta.
A mí el fósil me recuerda tremendamente a un ROD, y seguramente especularía sobre entrecruzamiento de planos en el espacio-tiempo y fósiles vivientes si no supiera que estos bichitos son solamente un defecto de las cámaras de vídeo digitales.
Late Carboniferous paleoichnology reveals the oldest full-body impression of a flying insect, en PNAS
Undetermined Genus, species of Archaeorthoptera Prokop, Nel & Hoch 2005

Apareció en una pizzería (Posh Pizza) de Brisbane. Ya está a la venta, si lo deseas. Personalmente, no puedo dejar de ver a Charlie Manson cada vez que me muestran una pareidolia de un señor barbudo.
Visto en News.com (Australia)
Ahora que Arnold Schwarzenegger se retira de la política californiana, ha prometido volver al mundo del cine (I’ll be back). Las productoras se frotan las manos pensando en secuelas de las películas más taquilleras de los ’90, sin pensar siquiera que han pasado veinte años. Ya habían dado con un truco para hacerle inmortal a efectos cinematográficos: lo que me pareció la mejor parte de Terminator Redemption fue precisamente el trocito en que hace un cameo como si tuviera veintipico años. Pero hay otros métodos.
Me ha llevado algún tiempo comprobar que esto no es una April Joke: una futura serie de dibujos animados con estética de producción barata tipo Tortugas Ninja o The Real Ghostbusters y un planteamiento que promete arcadas: el gobernador de California se retira para dedicarse a combatir el crimen con un grupo de ayudantes juveniles y un montón de gadgets futuristas.
No sé, me resisto a creer que más héroes de juventud sigan la senda de George Lucas y se dediquen a violar mi infancia. Y la de mi generación y una o dos más.
Ahí va el trailer:
Visto en Hollywood Reporter.
Una comunicación del MIT -promovido por el grupo de estudio del profesor Daniel Nocera- promete el Santo Grial de la civilización moderna: energía limpia, barata y de bajo coste de producción. La tecnología recurre al sistema de la “hoja artificial”: un sistema que emula la síntesis clorofiliana hasta cierto punto, obteniendo energía directamente de la luz solar y elementos químicos comunes. El problema de la mayor parte de los sistemas de captación de energía solar es que requieren materiales raros y caros, pero este nuevo dispositivo utilizaría catalizadores baratos -cobalto metálico y fosfato- para separar el agua en hidrógeno y oxígeno en presencia de luz solar. Supuestamente es diez veces más eficaz que la clorofila: con cuatro litros de agua y un día de sol podría suplir las necesidades energéticas de una casa.
Estas maravillas científicas las veo con escepticismo, porque las implicaciones sociales y económicas son tan terribles que cambiarían muchas cosas: sistemas energéticos descentralizados (adiós, Endesa, adiós) electricidad accesible incluso para el tercer mundo en los lugares más remotos, eliminación radical de la contaminación por hidrocarburos y material nuclear, descenso de la deforestación en áreas delicadas (¿para qué cortar leña cuando puedo poner una estufa eléctrica casi gratis?)… demasiado bonito. No creo que dejen que ocurra, incluso si fuese posible. Crucemos los dedos.
Noticia en el MIT News.
La Antártida encierra misterios primigenios y exóticos, y en estos últimos años han visto la luz unos cuantos: un lago de sangre (bueno, rojo); pequeños mares sellados bajo el hielo hace millones de años; fósiles vivientes pululando por los frías y oscuros abismos de la plataforma continental; y ahora, el virófago.
De hecho este ser -OLV u Organic Lake Virophage- es uno de los tres que conocemos actualmente, el primero descubierto en 2008 y el segundo un mes más tarde. Los virófagos son la venganza, el depredador natural de los virus.
Todos sabemos que los virus no son formas de vida exactamente: son trozos de código genético organizado de tal manera que parasitan a células organizadas utilizando su capacidad reproductora para obtener copias de sí mismos. En el proceso, afectan más o menos a su huésped, desde provocarle un ligero malestar (resfriado) hasta matarlo (VIH, Ébola).
Los virófagos son organismos que habitan inactivos en el interior de células; por ejemplo el llamado Sputnik vive en las amebas de la especie Acanthamoeba polyphaga. Cuando una de estas amebas es infectada por un mamavirus, que suele ser letal para ellas, el Sputnik interfiere utilizando los sistemas de autorreplicación del mamavirus para producir más Sputniks. Con ello también disminuye la producción de mamavirus y eventualmente la mortalidad entre las amebas. En el caso del OLV, las beneficiadas son unas algas prasinófitas afectadas por picodnavirus.
No es que esto vaya a curar ninguna enfermedad, pero es bueno saber que los virus también pueden enfermar. Siento por los virófagos la misma simpatía insana que por los atracadores de bancos.











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