Riparia ripariaEl maravilloso mundo de los animales nunca acaba de sorprendernos. La zoología es una de las ciencias más antiguas: la observación de otros animales en su medio es algo que hacemos inconscientemente, ya sea por placer o para cazar u obtener información. Ya los griegos empezaron a escribir notas sobre los animales comunes -y no tanto- que encontraban o de los que oían hablar, provenientes de tierras remotas; pero eran más bien fantasiosos y aficionados al cuento y la moraleja. La Edad Media se vio plagada de estas estupideces que eran documentadas como ciencia oficial sin discusión, al menos en los entornos más comunes.

No fue hasta el siglo XVIII que se inició la sistematización y clasificación ordenada y científicamente ajustada (dentro de lo que se podía) cuando Carl von Linneo planteó la brillante nomenclatura binomial que aún se utiliza para nombrar a cualquier especie animal o vegetal. A finales del XIX, los biólogos creían sinceramente que poco quedaba por descubrir: el globo había sido explorado, conocíamos prácticamente a todas las especies vivas y su comportamiento -mecánico y sencillo- era algo elemental: comer, huir y multiplicarse.

A mediados del siglo XX aparece la ciencia de la etología, que estudia el comportamiento animal. Konrad Lorenz, con su estudio sobre la impronta en los gansos; Karl von Frisch, centrado en el sistema de comunicación de las abejas, y Niko Tinbergen, interesado en el estudio sobre el instinto en el pez conocido como espinoso, abren un mundo nuevo y aparentemente desconocido. Y los últimos años, con la implantación de nuevos sistemas tecnológicos de observación remota no intrusiva, han dado lugar a descubrimientos interesantísimos e inquietantes para algunos. Por ejemplo, que los comportamientos homosexuales son un fenómeno ampliamente difundido entre todos los grupos animales; hasta las moscas de la fruta consideran su género irrelevante si se eleva la temperatura del medio en que viven. O que la masturbación no es privativa de los primates superiores, ni tampoco el cuidado de los miembros enfermos o mayores del grupo, o el asesinato premeditado.

Y he aquí que tenemos al avión zapador (Riparia riparia), un miembro de la familia Hirundinidae que abarca a las golondrinas y aviones, pillado en vídeo mientras se cepilla el cadáver de un congénere de su mismo sexo tirado en el suelo:

Ahora bien, este estudio -de Naoki Tomita y Yasuko Iwami, del Instituto Yamashina de Ornitología en Abiko, Japón– no revela nada nuevo. En 2003 Kees Moeliker, de Rotterdam, ganó un premio Ignobel por documentar esto mismo en patos. También se ha visto en mamíferos y tortugas: un comportamiento sin ninguna ventaja para la especie que contradice el tradicional mecanicismo aplicado a estas funciones. ¡Ellos también lo hacen por gusto! Aunque el caso del avión es especial: entre estos pajaritos casi no hay diferencia entre machos y hembras, y el pobre avión muerto había quedado en una pose, digamos, provocativa para la especie.

What Raises the Male Sex Drive? Homosexual Necrophilia in the Sand Martin Riparia riparia

Visto en New Scientist

 

Comparte!