Esta semana pasada he estado acercándome al desierto de Tabernas aprovechando que lo tengo cerquita y que es la mejor época para visitarlo. En verano la insolación y la temperatura lo hacen ciertamente molesto; aún así acabé rojo como una manzana y bastante cansado. Deben ser los años… el rodaje.

Iba a hacer un experimento pedológico (no, no va de niños sino de suelos: un día escribiré algo sobre la terra preta del Amazonas y las implicaciones arqueológicas que puede tener, ya que de una forma vaga apoya la hipótesis de Fawcett sobre una civilización X. Pero esa es otra historia.) Como he dicho, iba de paseo también y me puse a experimentar una vez más con las fotos digitales infrarrojas, esta vez sin mucho éxito.

En esta foto que abarca todo el ancho de la Rambla de Tabernas se puede ver al fondo el observatorio de Calar Alto, mucho más nítidamente que en la vista de espectro normal; esto es porque el IR elimina el reflejo atmosférico completamente, mucho más que un polarizador, dando ese aspecto de “planeta sin atmósfera”. f 5.6, 10″, 400ASA. He puesto alguna foto más, incluyendo el panorama normal, en mi flickr.

El problema del IR es que la exposición y el foco hay que calcularlos a ojo, aparte de que es necesario un trípode; yo usaba uno de esos de bolsillo espantosos que valen para tomas de 1/2 segundo pero aquí hablamos de casi un minuto de exposición. Claro que cuando vas trepando montes y barrancas no es buena idea llevar un trípode profesional y una mochila llena de equipo. Así se han quedado las fotos, temblonas. Y me preguntaba: si hay post-procesados digitales para emular el IR, ¿por qué tomarse estas molestias? ¿Sólo por saber que es realmente infrarrojo? Al fin y al cabo es una cuestión estética. Pues lo he probado con una foto y ya le he visto un fallo gordo.

 Izquierda: falso IR. Derecha: IR con postproceso. (click para ampliar)

Se supone que el IR muestra las plantas en tonalidades de blanco, que es una de las cosas que le dan ese aspecto onírico. En este caso sin embargo, el IR “artificial” que se basa en la manipulación de los canales de verde falla, porque las plantas del desierto son cualquier cosa menos verdes. Marrones, grisáceas, naranjas, kaki… no hay un verde bosque. Sin embargo el IR verdadero no tiene ningún problema en separar, por ejemplo, las copas de las palmeras del resto. El sensor de mi Olympus no es de los más sensibles al infrarrojo, pero aún así retiene cierta información de color. El postproceso es sencillo: equilibrar los tonos y luego intercambiar el canal rojo por el azul.

Siguiendo el cauce de la rambla se llega a la finca El Cautivo, donde hay varios experimentos en curso del CSIC y la Universidad. Hay que ir con cuidado para no perturbar estas instalaciones y tampoco las colonias de líquenes Diploschistes que hay por todas las cumbres, que parecen afloramientos de cal pero realmente son la vegetación dominante aquí. Y hablando de Roma…

Esta pista helada podría pasar por una carretera perdida del Pamir en alguna película, pero la realidad es diferente. No ha llovido, esos charcos son el río que corre por la Rambla en invierno. Y lo blanco no es nieve sino eflorescencias de sales: el agua viene tan cargada que en lugar de disolver, deposita carbonatos y sulfatos en el suelo. Así no hay planta que aguante…

El desierto está lleno de sorpresas y no me extraña que la gente alucine en sitios así; siempre que oigo historias sobre cosas extrañas en Nuevo México -el desierto de Mojave es muy parecido a Tabernas, sólo que más grande- ya sean OVNIs, animales o presencias extrañas, o directamente fenómenos místicos, me planteo lo raro que es que aquí en España no ocurran cosas similares en Tabernas. El silencio es opresivo y las formas caprichosas de las rocas dan mucho juego, como este felino inmenso que vigilaba desde un cerro:

Ahí en medio de la foto; lo veas como lo veas es un bicho agazapado. Ni entornando los ojos parecía otra cosa.

Tuve que usar mi potente zoom para descubrir que en realidad era una piedra, un estrato duro cuya base se había socavado por la erosión:

(Podéis elegir pensar que tengo un zoom de sietecientosmil milímetros, o que he ido dando saltos hasta la montaña como un jedi juguetón: el desierto se presta a esas cosas raras). En todo caso, esta es la misma vista de la foto anterior pero por detrás:

Definitivamente no era una pantera. Sin embargo recuerdo uno de mis primeros paseos por el desierto cuando estudiaba Fotografía, sobre una cima parecida a estas vi un gato rayado naranja, grande pero normal, acostado plácidamente. Le hice una foto con el tele, mientras pensaba cómo demonios había llegado el animal allí y de qué vivía. Cuando bajé el ocular de la cámara el gato había desaparecido sin dejar rastro… a eso me refiero cuando digo que el desierto se presta a cosas raras.

También tiene sus puntos de peligro. La lluvia socava los terrenos blandos con facilidad, formando cuevas frágiles y simas como estas:

Estos agujeros, de paredes verticales y tres o cuatro metros de profundidad, son horribles trampas si vas andando descuidadamente (las orillas son muy frágiles y se desmoronan). Ya no es la caída, es que no hay manera de salir de ahí, aunque muchos se comunican a niveles más profundos y quién sabe si uno de esos agujeros asoma al barranco de la rambla. Peligroso!

Todavía tengo algunos apuntes del desierto que me han dado ideas, pero esos requieren más trabajo. Realmente las badlands de Tabernas me aportan una buena dosis de inspiración cada vez que voy. Sí, transpiración también; pero merece la pena.

Este es el vídeo del making of hecho en el iPhone, mira que no me gusta nada este medio, pero hay cosas que no se pueden apreciar en una foto:

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