Ya que tocamos hace un rato el tema antisemita con Hergé, y por no minusvalorar a nadie, ahora vamos a meternos con Peyo y los colores de piel. La película de Los Pitufos está al caer, y cualquier cosa que se diga es buena para reflotar estos personajes y sacar tajada; así que un francés llamado Antoine Buéno ha escrito un libro –Le Petit Livre Bleu- en el que acusa a Pierre Culliford (que no es otro que Peyo, el dibujante autor de los enanitos azules) de fascista, racista y sexista gay.

Bueno, ante la obvia estupidez de analizar los personajes de una historieta como si se trataran de personas reales de este mundo sobran comentarios. El buscar “sexismo gay misógino” a que un centenar de personajes masculinos azules que van por ahí sin camiseta y con el rabo al aire* o llamar “régimen stalinista-nazi” a una comuna en la que no existe la propiedad privada y todos son guiados de manera totalitaria por un anciano paternalista vestido de rojo, en fin, es muy de no tener nada mejor que decir. ¡Ah! Obviamente, el hechicero Gargamel es la caricatura de un judío, muy al estilo de las caricaturas antisemitas de los años ’30. (Lástima que la serie se remonta a 1958, cuando la lección nazi estaba aún fresca pero bien aprendida entre la sociedad belga).

Lo malo de todas estas reacciones absurdas es que siempre hay alguien que les hace caso, como ocurre con Mbutu Mondondo Bienvenu y su demanda para que prohiban o añadan un prólogo explicativo a “Tintín en el Congo” por ser extremadamente racista. En el caso de Los Pitufos, el álbum titulado “Los Pitufos Negros” tiene un guión más o menos así: Una extraña enfermedad contagiosa va convirtiendo a los pitufos (azules) en seres violentos, sin raciocinio aparente y cuya única preocupación es morder a los sanos (con lo cual los contagian). El síntoma más evidente de la enfermedad es la coloración de la epidermis que se vuelve negro tinta.

El genial Peyo desarrolla tal vez la primera historia de zombis moderna, angustiosa y con un final deus ex machina necesario para una serie infantil con continuidad. En ningún momento los pitufos negros asumen características raciales, sociales o étnicas que los vinculen con ningún miembro de la raza** que denominamos negra. Pero, pluf! Las buenas maneras imperan aunque sea en apariencia. Así que aquí pueden ver dos portadas del álbum, la clásica y la edición moderna (inglesa en este caso). Sutil diferencia ¿no?

Lamentable. Esto es lo que hacen en algunos lugares para “no ofender”…

* ¿Entonces, Avatar qué?

** Técnicamente los negros no son una raza (término en desuso) ni una etnia (que implica una comunidad genética y sociocultural), sino una variedad humana diferenciada por un gen que codifica un intercambiador de cationes localizado en la membrana intracelular denominado Slc24a5. El gen ortólogo en humanos presenta dos alelos principales, los cuales difieren en un solo nucleótido que determina un cambio de alanina a treonina en la posición 111 de la proteína. (extraído de Wikipedia; imposible decirlo de forma más aséptica. La única diferencia es una adaptación a la luz ambiental que cambió a los blancos la alanina por treonina y provocó una disminución en el tamaño y cantidad de los melanocitos.)