A veces cosas en las que ni siquiera pensamos resultan ser un problema… o una solución, según se mire.

pollos!Una de las cosas más molestas de los criaderos de pollos, y curiosamente de las que más gastos generan, son las plumas. Cada pollo adulto destinado al consumo genera un montón de plumas de diferente consistencia que deben ser arrancadas y desechadas: aunque hay máquinas que hacen esto -el desplumado manual se abandonó hace años- el residuo es considerable. Cada año la industria polleril genera cinco millones de toneladas de plumas totalmente inútiles (y dada la ligereza de este material, imaginaos el volumen que ocupan) que suelen enterrarse. Al igual que el plástico, la queratina que compone las plumas tarda muchísimo en descomponerse y no hay bicho que se la coma, así que representan un quebradero de cabeza tanto para la industria como para el medio ambiente.

Hace unos añosPollo sin plumas, y gato un equipo del departamento de agricultura de Rehovot, cerca de Tel Aviv (Israel) desarrolló una variedad de pollo sin plumas: pequeño y colorado, este reptilesco animal soportaba bien el calor de los criaderos israelíes y además evitaba el problema del desplumado/desechado de plumas. Pero por alguna razón esta idea no cuajó y el pollo calvo sigue siendo un proyecto.

Por otra parte, hace tiempo se intenta utilizar el montón de plumas para fabricar plásticos: en 2011, el Instituto de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de Nebraska-Lincoln presentó un método de obtención de termoplásticos a partir de plumas que se mantenía estable en el agua, cosa que no se había podido conseguir antes. Pero ahora los chinos (grandes productores de pollo e inventores por naturaleza) han dado con otras técnicas.

Changle Chen y su equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hefei (China) han probado a calentar plumas a 600º durante tres horas en una atmósfera de dióxido de carbono. El producto de esto es bicarbonato de amonio, un fertilizante y levadura química común, y microesferas de carbono. Pero si calentamos el NH4HCO3 a 60º obtenemos amoníaco, que actualmente se obtiene a nivel industrial por el proceso de Haber-Bosch. Esta técnica, descubierta por el alemán Fritz Haber, le mereció el premio Nobel en 1918 (Haber salvó muchas vidas gracias a la revolución agrícola que representó el uso de fertilizantes químicos; también es responsable de la fabricación y uso de gases venenosos en la guerra de trincheras, por lo que su mujer y uno de sus hijos se suicidaron. Pero esa es otra historia). El caso es que el proceso Haber-Bosch consume mucha energía: el 8,27% del consumo total de energía mundial anual se destina a esto. Sólo por eso, el proceso de Chen ya resulta interesante. Pero hay más: El subproducto de microesferas de carbono puede usarse como revestimiento hidrófugo o, mediante una reacción con catalizadores, convertirlos en nanotubos de carbono, de uso en células de energía fotovoltaica, baterías de hidrógeno y sensores. No está mal para un producto de desecho inservible.

One for Two: Conversion of Waste Chicken Feathers to Carbon Microspheres and (NH4)HCO3, en la American Chemical Society

Design and evaluation of bio-based composites for printed circuit board application, en Elsevier

Sustainable Polymers and Composites: Optimal Design – Richard P. Wool (desarrollo de cuero sintético y plásticos)

 

 

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