tubito_poliaguaLa gran desventaja de la ciencia ante otras formas de conocimiento (por ejemplo la fe o la sabiduría esto-es-así de mi padre) es que no es absoluta: a veces se equivoca. Muchas veces. Esto se suele utilizar como arma arrojadiza, así que muchos hombres de ciencia esconden sus errores bajo la alfombra. He aquí la historia de un misterio científico, de cómo llevó a un descubrimiento apasionante, y cómo se fue todo al garete.

Todo empezó en 1966, con la presentación en Inglaterra por parte de Boris Deryagin -un destacado químico soviético- de un extraño fenómeno recién descubierto cuyo protagonista era el agua común. Cuando se condensaba agua pura en tubos capilares de vidrio, había algo más -en los extremos, una especie de líquido oleoso cuyas propiedades diferían de las del H2O.

Esto realmente era el fruto de observaciones que se remontaban a mucho antes. Ya en la década de los ’20 el químico Walter A. Patrick del Johns Hopkins -inventor del gel de sílice desecante que viene en los estuches de muchos productos- observó que cuando empapaba el gel en agua y luego la evaporaba, quedaban siempre remanentes. Hay incluso un breve estudio sobre el tema escrito por uno de sus estudiantes, León Shershefsky, que hizo el experimento con tubos de vidrio. En la URSS y ya en 1949, K.M. Chmutov repitió el experimento con discos de vidrio (uno plano y otro ligeramente curvado, en cuyos intersticios quedaba el agua). Por fin en 1961,  Nicolai Fedyakin repitió el extraño experimento con finos tubos capilares pero, en lugar de meter el agua directamente, la condensaba dentro para asegurarse de su pureza.

Lo hizo de la siguiente manera: metió un manojo de capilares de vidrio de cuarzo esterilizados en una cámara sellada con un contenedor de agua debajo. Bajando la presión de la cámara provocó la evaporación del agua, parte de la cual luego se condensaría dentro de los tubos. Al rato, los tubitos mostraban depósitos de condensación de agua, en cuyos extremos aparecía una rara substancia oleosa.

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Las propiedades de esta agua densa, a la que Fedyakin llamó “agua de descendencia” eran peculiares: un 40% más densa que el agua y diez veces más viscosa, no se expandía al congelarse sino que se contraía. Sus puntos de congelación y ebullición eran respectivamente -40º y 150º. Básicamente estábamos hablando de una sustancia nueva, una variedad del agua común con características diferenciales, que se podía fabricar de forma relativamente sencilla. El descubrimiento de Fedyakin fue, digamos, apropiado por Deryagin quien lo expuso a la sorprendida comunidad científica en el ’66.

El método de obtención del agua de descendencia me recuerda a la forma en que los alquimistas obtenían uno de los ingredientes clave  para la Piedra Filosofal: una sal nítrica obtenida de la condensación y evaporación del rocío conocida como “León Verde” o “vitriolo de los sabios”. Para ello recogían el rocío mañanero (entre abril y mayo, o sea bajo Aries y Tauro) con sábanas de lino que luego escurrían en una redoma. Este líquido, sometido a evaporaciones y condensaciones, dejaba al fin un reducto pulverulento que concentraba ciertas fuerzas cósmicas en forma de sal esencial. El método era basto,pero estamos hablando de pre-química del siglo XVII.

polywaterVolviendo a 1966, la primera oleada de escepticismo dio paso a un entusiástico esfuerzo por obtener y ampliar información del agua densa; al fin y al cabo, los soviéticos habían planteado un caso científico correctamente llevado, y ofrecían toda la información para replicar el experimento en cualquier laboratorio. Lo cual se hizo, y cómo. Entre 1967 y 1970 se había obtenido el extraño compuesto en laboratorios de todo el mundo, constatando la seriedad del procedimiento y las propiedades del agua. En 1969 la Marina americana entró en el tema, preocupada por las posibilidades prácticas de la sustancia; el análisis mediante espectroscopía reveló un espectro desconocido sobre una base de datos de más de cien mil substancias. Una espectroscopía Raman con láser de argón (en aquella época eran métodos futuristas) tampoco dio coincidencias. ¿Qué podía ser aquello? Un artículo publicado en Science presentaba una hipótesis: las moléculas de H2O condensadas en los tubos ya no estaban unidas por las fuerzas débiles de Van der Waals, sino por alguna estructura polimérica hexagonal en forma de nido de abeja, un enlace químico mucho más fuerte y estable. También le dieron un nombre chic: Agua Polimérica o Poliagua.

naked-timePronto se empezó a especular con el uso de poliagua como lubricante industrial, anticongelante o para desalinizar agua de mar. Cabe mencionar la novela de Kurt Vonnegut Cuna de Gato (de 1963) en la que precisamente se descubre una fase del agua llamada Hielo-9 que es líquida a partir de 130ºC y espontáneamente polimeriza el agua que entra en contacto con ella: un mar en el que caiga un copo de hielo-9 se congelaría al instante. La inevitable asociación de la poliagua con el tema de la novela hizo que el temor de un peligro a escala planetaria se extendiera, sobre todo a nivel gubernamental. Se consideró que los experimentos con poliagua debían estar restringidos a un nivel de seguridad y contención similar al de los virus más letales. Por ejemplo, F.J. Donahue publicó en Nature la hipótesis de que Venus era un planeta desecado por la proliferación de poliagua; fue rápidamente replicado con la aseveración de que un polímero termodinámicamente más estable que el agua ya habría invadido el planeta hace millones de años, cuando se formara naturalmente en grietas de rocas o arenas.

Para otros, la poliagua era la responsable de la plasticidad del barro o de la capacidad de ciertos animales para sobrevivir a la congelación. Se escribieron cantidad de artículos sobre el tema…

En 1970, Dennis Rousseau y Sergio Porto, del Colegio Einstein de Medicina, repitieron la espectroscopía Raman con poliagua hecha por ellos. Pero el resultado fue desastroso: cada vez que lo intentaban, el láser carbonizaba la poliagua. Insistieron -ya que la Raman era precisamente lo que había llevado a proponer la estructura hexagonal de la poliagua- y descubrieron algo que había quedado enterrado en los archivos:una referencia en el original ruso de Deryagin sobre contaminación de sodio en las muestras. Efectuaron una prueba de sodio en el hollín de poliagua y lo encontraron -junto con calcio, cloro y potasio.

Rousseau tuvo una intuición: hizo una prueba de espectro con su propio sudor. Encajaba. Resultó ser que las propiedades anormales de la poliagua derivaban del lactato de sodio derivado del sudor humano. Mínimas partículas debieron colarse en los experimentos de Fedyakin, Deryagin, Lippincott y tantos otros.

Apenas hubo réplicas a la devastadora publicación de Rousseau y Porto explicando el misterio: pronto, los equipos responsables -incluyendo al de Deryagin- repitieron los experimentos de forma absolutamente controlada y la poliagua no se formaba. En 1971 el polímero hexagonal de agua había dejado de existir oficialmente.

Así pues, y en pleno siglo XX avanzado, con metodologías estandarizadas y tecnología punta, un error de contaminación engañó durante un lustro a la comunidad científica de todo el mundo. Son cosas que pasan, como la energía gratis de STEORN o la Fusión Fría; afortunadamente se solucionan revisando un poco y sin rencores.

Visto en varios sitios, pero esencialmente depredado de Slate.com

How You Can Grow Your Own Polywater, en Popular Science

La propuesta estructural de la poliagua, en Science

“Polywater” and Sweat: Similarities between the Infrared Spectra, en Science

 

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