Río CubillasLa semana pasada estuve de paseo por el embalse de Cubillas, en Granada. Este es un precioso entorno natural que da para muchos paseos, lleno de verdor y agua; remontando por la carretera se encuentra el río, rodeado por una espesa arboleda en prácticamente todo el recorrido.

Habiendo llegado a la orilla en un sitio (el río estaba repleto de gordas truchas, cuyos lomos asomaban fuera del agua en la corriente) se me ocurrió seguirlo para ver si hacía alguna foto interesante. El borde del río tenía tramos de arena, pero generalmente la vegetación llegaba hasta el agua. Unos árboles inmensos hacían sombra perpetua sobre la corriente, y sin darme cuenta avancé bastante.

En el zarzal de CubillasEntonces quise salir, cortando camino, claro, por el lateral que daba a la carretera. Al fin y al cabo sólo me separaban unos diez o veinte metros del arcén, aunque no se veía por la densidad de la vegetación. Pero no había contado con que las plantas se protegen a sí mismas… de los árboles colgaban lianas delgadas cubiertas de espinas como de rosal. El suelo era una maraña de estas mismas cintas, algunas verdes y flexibles, otras secas. Eran zarzas, y cardos, y algunas otras plantas puntiagudas de las que sueltan semillas espinosas. Las ramas verdes funcionaban como trampas, retrayéndose y clavándose o desgarrando; las ramas secas se rompían, dejando las espinas hincadas en la carne. Qué duras son las hojas de cardo, creo que se podría cortar un filete con una. Y las puñeteras semillitas se metían bajo mis botas y ropa como pulgas.

Umbrías espesas de este tipo las hay por toda la Alpujarra, pero nunca había tenido que atravesar una. Al final tenía arañazos por todas partes, un par de feos cortes y la ropa hecha un asco… de hecho, aún cojeo y no puedo apoyar el codo derecho. La zarzamora (Rubus fructicosus) es pariente de la rosa, y es una planta invasiva que da ricos frutos y cuyas hojas molidas tienen propiedades vulnerarias, es decir, que curan las heridas (qué irónico ¿no?).

Había oído de plantas agresivas: leyendas de la península de Kamchatka sobre árboles narcóticos que adormecían a los animales a su sombra hasta morir (y servirles de abono), los árboles carnívoros de Madagascar con lianas como tentáculos, juncos cortantes en Sudamérica que arrastraban al ganado a las ciénagas… ¡pero no pensaba que el reino vegetal fuera tan salvaje a la vuelta de casa!

Comparte!